Y aunque el texto no tiene en absoluto nada que ver con lo que viene a continuación, prosigo a invitarlos a leer de el siguiente texto, escrito en el cumpleaños de la patria, justito el día en que esta cumplía su enésimo...bueno es lo de menos....sólo trato de esbozar alguna descripción de estos días tan disímiles de muchos, de estos días tan coloridos como pocos, y tan grises, tan irreales, tan...que parecieron un sueño.
A mí con cumpleaños, estoy echado láxamente sobre mi cama y parezco ufanarme de aquel pensamiento que me viene a la mente y me incita a escribir: no puedo. Trato de esbozar algún surtido texto romántico, parsimonioso, estático, así, tal cual los días en donde dos feriados largos o mejor dicho, dos días de un feriado largo, son el mejor pretexto para estar en compañía de los seres que más quieres, o escribir.
Me explico mejor: en días como estos, en los que por causa de una nación, tenemos que parar de trabajar todos, y el Gobierno debe -como lo hizo y bien- decretar feriados largos, y todos debemos ponernos las simplonas y acostumbradas escarapelas en los pechos, y cantar con el pecho inchado el somos libres del Perú, y por si eso fuera poco, escuchar el apoteósico mensaje a la nación de un presidente que dejó al Perú hecho un desastre y que hoy -prescritos sus delitos de lesa humanidad- vuelve con la cabeza erguida, las patillas de canas y la panza ya satisfecha.
Decía que en días como estos, y a menos de una semana de empezar nuevamente clases en la universidad, no me viene otra mejor idea, o no me vino -mejor dicho- que pasarla en muy buena compañía. Lástima que para la agenda de aquella buena compañía nunca estuve en sus planes.
Entonces me estoy yendo muy a menudo del tema principal de este texto -al que quiero llegar-. Pero como no termino nunca de decir: hay dos posibilidades por estos días que describo líneas arriba: o pasarla en buena compañía o escribir. Y he sido empujado a hacer lo segundo, claro está. Y cuando digo empujado, ojo, por mí mismo -no se me vaya a malinterpretar-.
Ahora que ya saben que decidí por lo segundo, o sea, escribir, no me queda más nada que decir que no sé qué más contarles, porque hay muchas de esas cosas que ni me interesa hacerlo ni les interesará a ustedes tampoco, entonces para qué.
Por lo pronto, he podido superar -sin ningún depresor del sistema nervioso y sin ningún ansiolítico conseguido inlegalmente en alguna farmacia de Lima- estos días en donde los colores blanco y rojo ya colmaban mi paciencia, muy venida a menos dicho sea de paso, por estos días. Creo, me he vuelto algo daltónico y he llegado a desconocer las insignes escarapelas en los pechos y las banderas en los tejados de tantos limeños insulsos y carentes de verdadera identidad patriótica, tanto como su voz.
También estuve al borde del entusiasmo cuando el mensaje presidencial. Digo, estoy permitiéndome ser sarcástico e impertinente. Algunas abrupciones de mis latidos, pequeñas arritmias y ganas solo de tenerlas, y de tenerla a ella también.
Bueno, pero he llegado a la conclusión de que por más que quiera escribir, hoy algo incómodo por cierto, no podré traducir estos días en tan pocas palabras, 3000, 5000, 6000..¿Serían suficientes? ¿Cuántas palabras necesitaría?
Quizá, solamente una.