lunes, diciembre 24, 2007

Oui ou Non...

En Navidad todo huele a Navidad, es lógico. Pero cómo que cómo huele el olor a Navidad. Me explico: disfrazan muchos su indecencia de Channel y ocultan tras sus suntuosos vestidos la verdad de quienes entre aromas de panteón quisieran pasar desapercibidos por arrogantes. En la Navidad, es un hecho, o podría no serlo pero así dicen, reina la paz, el amor y la alegría, en Navidad indiscutiblemente no hay mesas vacías aunque las hay y de todo tipo, porque hasta el que no tiene aparenta tener y los que tienen aparentan tener aún más.

En Navidad hay corazones llenos y rotos y barrigas también. Quizá en algún momento de nuestras vidas no seamos nosotros los más idóneos para ofrendar un consejo, quizá las personas menos autorizadas seamos nosotros. Y por qué llorar en Navidad, si en Navidad no hay que hacerlo, y si del llanto se trata, por qué no de alegría.

¿Por qué en Navidad sobran los regalos si los abrazos son más sinceros? Los saludos escasean, como el panetón por estas fechas, como la nieve en Guayaquil, como los besos en recesos. Las tarjetas brillan por su ausencia y las rúbricas firmes y claras también.

En Navidad las luces son incontables, los carros abundan –y del año-, los panteones son millones, la viveza se desborda. ¿Por qué si todo en Navidad sobreabunda los amigos los puedo contar con los dedos de una mano? Además, en Navidad, o al menos en esta, a mí no me ha dado por coger ningún libro, parecen papeles tirados en el sofá del olvido momentáneo. Lo único repleto de este cuarto oscuro en el que escribo es mi mesita de noche, repleta de cosas y de testigos.

En Navidad así como todo alumbra, todo hace ruido y los teléfonos suenan más de lo que acostumbran, las pantallas del televisor se apagan menos y las luces carecen de sentido si no hay ni siquiera un perro que lo ladre a uno. En Navidad el tiempo es lento, el sol cae más despacio y las aves parecen haber dejado de cantar o será que ahora se pusieron a cantar villancicos. Todos caminan a su ritmo, cada quien con su prisa y los pavos pagan pato por la consuetudinaria costumbre que tenemos los humanos de comérnoslos, justo ahora, en Navidad.

En Navidad las sobras lo son todo para quienes no tienen nada en su mesa, y los hay, y muchos. Todos son Santa Claus y Papanoeles, todos tienen chimenea, todos regalos, no hay quien se quede sin uno, porque por más mísero que sea –el regalo- alguien se acuerda de ti sin lugar a dudas, mira hasta puede ser un chocolate, eso no importa, es el gesto lo que importa. Y no me importa si me dicen que soy un cojudo a la vela, saben, eso sí me importa muy poco.

En Navidad los chocolates calientes son mimados por todos y por única vez en todo el año le dan bola. Y los niños…

La Navidad es de los niños…y no jodan…aunque nosotros, que de niños tenemos sólo el recuerdo, derramemos de purita nostalgia algunas traicioneras lágrimas sin saber por qué, o sabiendo…

Felíz Navidad sin ánimo de materialismo y, desde acá, un abrazo.

sábado, diciembre 22, 2007

Estoy tratando de decirte que...

Me parece escuchar tu voz desde el tendedero, mientras le reprocho al olvido el comportarse como una amante despechada. Le hago cosquillas al recuerdo y entre lágrimas inmensas deseo volver a vivir lo vivido. Bajo mi colchón he guardado algunos besos de mi stock que han quedado sin estreno, en stand by. Los descubriré luego cuando nuevamente esté contigo niña mía. Tengo aún una polera que guarda olor a ti, una calcomanía de tu mirada y dos fotos que son única compañía.

Me parezco a lo que se dice ser y no es, y sufro entonces una decepción tan mía. Veo en el recuerdo de mi repisa tu sonrisa y en el sofá de mis recuerdos tu agonía. Princesa, no dejo de confesarle mi amor por ti a la luna en mi almohada. Deja que los astros tiriten azules a lo lejos y tristes, y déjame a mí que te siga soñando tanto como te amo.

Escúchame si te hago falta en el rincón de los momentos juntos, escúchame si no es mucho pedir cuando susurro a tu oído que te amo, que no puedo vivir sin ti. Déjame plantado ahora que no estás para extrañarte un poco más en esta soledad tan mía. Dime que no, muchas menos veces de las que sí, por favor te pido. Dime que me echas de menos.

Como si hubiera dónde hacerse fuerte estoy en busca de aquel rincón. Como si por fin algún buen poema me saliera. Como si me sobrara tiempo para hacer todo lo que quiero. Como tus lágrimas, así de crueles son las horas que pasan sin ti, las horas que no vuelven, las horas que se van. Los minutos sin ti son pedazos de queso con vino y horas de ausencia.

Las horas que pasan son abismos. Los minutos y las sombras van tras de mí como si no quisieran nunca perderme de vista, y de pronto los pierdo –a la sombra y a mí-. Y de pronto un silencio quedo. Por donde comenzar a extrañarte, a quien reclamarle tu ausencia, solo con la nada molestarme queda.

Espérame, ya vuelvo, no tardaré, lo haré por ti, sólo por ti, porque te amo.

Porque,

Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoquera los archivos.

Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos...

Joaquín Sabina

domingo, diciembre 16, 2007

Indescriptiblemente bella

En mi tierra desierta eres la última rosa
PABLO NERUDA

La mínima idea de su nombre, no la tengo; así que la llamaré M. Y no sólo la llamaré M, sino que le diré, también, la chica del polito rojo. Y les contaré, para empezar, que M. ha sido víctima de una desdichada pero encantadora fijación mía. Fijación que hoy ha debido y ha sabido tomar satisfactoriamente su cauce. De esas que por alguna ignota razón uno queda prendido, admirado, con la boca abierta y diciendo, ella fue todo, para qué más –al menos eso dije yo-, o sea pagó y recontra pagó, como diría un pata.

Y debe ser que por alguna innombrable razón –porque no sé ni la recuerdo- he osado atrevidamente compararla con quien no hubiera imaginado nunca y por quien hubiera querido serlo todo, en su momento.

La conocí en un frenesí de locura, en una efervescente noche de aquellas en donde los recuerdos se confunden y la timidez se inunda de alcohol. Las luces de colores golpeaban los cuerpos de quienes, extasiados, no pretenden más nada que dar rienda suelta a las ganas reprimidas de quererlo todo.

Ella, imaginemos que fue una más de todo ese montón aglomerado, fue una más de toda esa muchedumbre acantilada y dispersa, aunque la encontré iluminada. Iluminada porque cómo iba a pasar desapercibida su inexplicable belleza –y digo inexplicable porque hasta el día de hoy me es imposible describirla, su belleza, aunque eso sea precisamente lo que trato de hacer por lo menos unos tres párrafos arriba-.

Así que he decidido no luchar con el afán de describir su belleza, no luchar con el afán de describir su oscura luminosidad que tanto encandiló mis sentidos y es más de no luchar por su efímera y regocijante pasantía frente a mis ojos, frente a mi cuerpo, frente a mis ganas.

Y como decía, ya no voy a tratar de describir ese deleite, ese encanto, esa belleza, pues su belleza más allá de que sea indescriptible es innombrable y utilizo esta palabra porque es preciso que su indescriptibilidad siga vigente para no perder de vista aquella magia, aquella sombra de su pasajero roce, aquella sonrisa y aquellos castaños cabellos claros amalgamados por esos ojitos claros delineados por su suave y delicada tez tan suave.

Diré que su indescriptibilidad y lo indescriptible de mis emociones –por no poder expresarlas coherentemente hasta ahora casi al final de este texto- es lo que precisamente necesita –he caído en la cuenta-.

Es precisamente lo que sucede en la irremediable fotografía: no hay nada peor que una imagen nítida de un concepto confuso, como diría Ansel Adams. En literatura –lástima que mi amigo Ansel no haya sido escritor- sería: no hay nada peor que un texto nítido (coherente, claro, sintácticamente perfecto, graámaticamente mejor y ortográficamente estupendo) de un concepto –o de una historia- confusa. Entonces mis queridos lectores no esperen que este texto sea nítido porque la historia y las circunstancias que lo circundan son precisamente las más borrosas, confusas y tortuosas, como si le hubieran bajado la velocidad de obturación a la cámara y la hubieran movido justo al apretar el disparador.

No pretendan tampoco, que me quede prendido, ya no de este amor imposible, sino de este encantador encuentro furtivo, porque como diría Bienvenido Salvador Buenaventura, a veces es muy poco lo que uno necesita de una persona. Quizá, ella haya sido mi última rosa en esta constante y desesperanzadora muerte llamada vida.

viernes, diciembre 14, 2007

Imposible amor (II)

Lo trágico de los amores imposibles es tener que fingir para no ser incomprendido. O uno no se atreve a decirlo o uno ya lo dijo y lo chotearon. En mi caso es lo primero. No me atrevo a decírselo, porque siempre que pienso decírselo desisto de mis alborotadas ganas por dejar al descubierto eso que tanto me hace escribir y pensar en mis noches de insomnio como en esta que proso.

Es algo así como que quiero encontrar a una persona que no tenga respuestas para mis preguntas, porque en el momento que encuentre a esa persona que tenga las respuestas a todas mis preguntas, ese justificador diálogo acabará. Desdichadamente el símil es tan exacto que me cuesta pensar que al confesar yo mi imposibilitado amor por ella se acabará aquella magia que encierran los días que nos topamos por casualidad o intencionalmente, se acabarán esos días en que la podía mirar sin pretender más nada que ser esa persona que la mira porque además de haberme quedado sin inspiración para escribir recorro cada parte de su cuerpo con un exagerado deleite mortecino.

Definitivamente, lo imposible no siempre es trágico porque subyacen bajo las intenciones, sueños. Y uno va en busca de esos sueños que por no llegar a concretarse no dejan de serlos, pero advertido y a sabiendas de poder no ser correspondido.

Inexplicablemente se ha infiltrado esa palabrita que tanto odio, correspondido. Porque, no es lo más importante, precisamente, que yo sea correspondido. No se trata de mi crónico y vanaglorioso egocentrismo, se trata única y exclusivamente de ella. Se trata de que su amor imposible y de a pocos ansiado por mí se ha convertido en el motor de mis textos y de mis alegrías, en esta parte de mi vida tan desesperanzada –que es más grave aún que la desesperación misma-.

Es lo de menos que uno de estos días la sorprenda de alguien abrazada. Entonces me sentiré aliviado y trataré de fingir no celos de nada. Trataré de ya no estar al tanto por respetar su decisión, trataré de hurgar en alguna otra chica sus politos negros y sin magas, sus politos violetas y aun los de color turquesa. Trataré de reinventar su cabello negro pulcramente recogido con su media cola. Veré la forma de buscar a alguien que me inspire tanto como ella, trataré de no mirarla más y de pronto acercármele algún día y con esa vergüenza inexplicable y traidora, con esa tembladera de manos atroz y con esa sudoración doblemente atroz, le preguntaré: ¿Eres feliz?

martes, diciembre 11, 2007

Imposible amor (I)

En dos ocasiones la tuve más cerca de lo que siempre la he tenido y es más, de lo que he querido. La tuve vergonzosamente cerca de mí, pero no por culpa mía, sino por la culpa de su amistad con mi hermana. La tuve –es un decir- porque en realidad nunca la tuve y pienso que nunca imagino que la tendré. Sospecho que las dos únicas veces que la tuve rochosamente cerca tuve que ponerme la máscara que siempre me pongo cuando debo interrelacionarme con alguna mujer: humor y seriedad.

Estas son las dos únicas contradictorias y miserables máscaras que sirven para un tipo como yo que si se mostrara tal cual es ante las mujeres nunca las hubiera correspondido y nunca le hubieran dado bola (nunca se hubieran fijado en mí). Son máscaras que cualquier tímido tendría que ponerse a no ser que su timidez lo lleve a una tembladera de manos atroz y horrorosamente fatal. Y una sudoración doblemente fatal. Aunque siempre mi timidez en vez de manifestarse en mí como parquedad, es todo lo contrario, comienzo a hablar como un loco.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me miras desde lejos y mi voz no te toca…diría –creo- en mi caso, el gran Pablo Neruda si viviera. Y como a mí nunca me gustó inmiscuirme en temas de mi hermana, sospecho que tampoco me gustaba que ella se inmiscuya en los temas míos. Nunca sucedió, entonces yo pretendí jugar a mi ritmo, definiendo mi espacio, no sabiendo que aquella chica de violeta pasantía tímida y a la vez audaz, de caminar armónicamente alborotado se iba a fijar en mí, luego de haberla sorprendido con un polito y sin mangas.

Me pasa muy a menudo que cuando debo empezar la conversación miro a todos lados y me sudan a menudo las manos, pero esta vez no. Mis miradas de días inmensos, insomnes e intensos empezaban viéndola a ella llegar apresuradamente sonriente, con sus pecas rebosantes y su brillante y recogido cabello negro. Será que la veía con mis ojos, pero con qué otros ojos podía verla sino eran los míos, los verdes que cambian a turquesa en verano y se tornan grises en otoño.

Apenas la veía pasar esos mismos ojos, los míos, la observaban como quien observa una estrella que parece desvanecerse en la negrura de la noche titubeante, que aparece y desaparece, como quien la mira y no la quiere mirar, o como quien no quiere mirarla y la mira o como quien la mira para que se de cuenta que la mira y luego ya no la mira porque ahora mira a cualquier otro lugar con tal de que el blanco de sus miradas ya no sea ella.

Sus siempre politos sin mangas, es quizá una exageración mía, pero no puedo dejar de exagerar en eso porque le quedan tan bien que quizá es lo único que siento siempre se pone aunque no siempre lo haga. Y aunque yo no siempre la mire con esos ojos.

No pretendo hablar de sus pequitas ni de esa sonrisa que la dibuja de cuerpo entero para no desviar el tema de este texto que es el amor imposible y la melancolía que dicho amor conlleva y que significa que ella con toda su alegría, con toda esa magia, con todos sus politos sin mangas y con su media cola recogida y con esa vocecita con la que hoy, como nunca lo había hecho, me saludó. Ahora no me acuerdo quien dijo eso de que el imposible amor es el verdadero, y en este caso parece imposible y si lo miro de acuerdo a mi prematura perspectiva de vida no sólo parece imposible y verdadero sino que es imposible y verdadero respectivamente.

Podría, como lo he hecho y lo hago, quedarme sentado mirándola cómo, resuelta, se desplaza de un lugar a otro en el momento en que no pretende ni acercarse, porque quizá yo era quien la miraba con los ojos verdes que quería ser algo así como su nada más alguien que la mire y punto. Pero quizá ella se dio cuenta y sus amigas y amigos también se dieron cuenta y ella trató de caminar menos apresurada pero mucho más seria y menos vacilante para no darme pie a ninguna interpretación vana. Parece que el tiempo, entonces, me ha dado la razón de todo en cuanto mis ojos supieron necesario observar y dejar al descubierto o delatar.

Ahora ella no sólo me mira sino se acerca y me saluda, y no sólo me saluda, se acerca y me saluda sino que me busca y trata de que el encuentro trate de parecer casual y hasta innecesario con cierta dosis de indiferencia aunque mucho más llamativa de mirada y de intenciones. Ahora yo, no sólo la observo desde lejos como imposible sino que he encontrado un pretexto para acercármele, mi hermana. Y con ese pretexto me da un beso, porque ahora estoy cada vez más cerca a ella y aunque se vaya distendiendo esa imposibilidad de amarnos, pienso ahora más que nunca que su amor es imposible, que su polito violeta me hace guiños al pasado, y que ahora de turquesa la sigo, como siempre, imposiblemente amando.

martes, diciembre 04, 2007

Una llamada intencionalmente fortuita

Acabo de terminar de hablar con ella por teléfono. La verdad es que me he notado peligrosamente tranquilo, sosegado, parsimonioso y, por ratos, algunos bostezos he lanzado sin ningún reparo y sin disimular, por calmar esa intranquilidad mía, sólo de mí. Y es que mis bostezos de hombre tímido se deben y se dan sólo en situaciones en las que sólo en apuros me encuentro, y lo de apuros es un decir porque en realidad no son apuros. Me dan unas ganas insistentes de bostezar que más es a causa de mi timidez y de mi tembladera que de nada. Tembladera que por cierto por teléfono es imposible que nadie se de cuenta.

Mis latidos, ahora que he cortado lentamente el teléfono, no son menos ni más intensos a como empecé la conversación. Había estado pensativo recordándola a través de mi ventana. Apenas ví su número en el indentificador me preparé para elegir y ahora qué máscara me pongo, porque eso de hablar con mujeres siempre me ha resultado difícil y hasta desalentador. Pero, ensayé un Hola alegre como para que no se diera cuenta de mi horroso estado depresivo y melancólico. Me funcionó, o así parece que me funcionó, aunque no haya sido tan natural como confiable.

Hemos hablado cerca de una hora, o más, pero me hubiera quedado hablando con ella hasta mañana si es posible si no fuera por el ímpetu que tenía de leer, escribir, salir a caminar un poco y por la insistente demanda del otro lado, su abuela, que de a pocos le pedía soltar el ya imposibilitado teléfono de hacer otra llamada por la hora. Si no fuera por su abuela –o por mí- quizá le hubiera dicho te quiero, o mejor aún –creo yo- te sigo extrañando, porque eso, mientras ella hablaba, yo trataba de ensayar porque de pronto y súbitamente recordé cada momento entre risa y risa y me entró una desdichada e indescriptible nostalgia que no pienso describir. La imaginé sentada en el silloncito beige o mostaza, o ese que está dándole siempre la espalda al balconcito de su sala y que me espera y recibe siempre con, eso en donde se ponen los brazos, abiertos

No me había funcionado como muchas veces y yo, parco, aunque no lo más parco que puedo ser trataba de responderle todo monosilábicamente, y no sé porque diablos o por qué causa del destino no le refutaba todo lo que tenía que refutarle porque ella me estaba diciendo lo que me estaba diciendo para que yo le dijera, oye, no, si tu eres la mas linda, qué estás hablando. Pero, no se lo dije porque irrisoriamente febril le tuve más fe a mi parsimoniosa tarea de quedarme callado en vez de hablar como un loro o como un loco como siempre hablo.

Su locuacidad al principio reapareció y me agarró desprevenido, porque yo estaba leyendo algo como de un Congreso de las Américas en Cuba –que para una persona como yo que nunca ha estado en Cuba es netamente ficción- y salir de esa ficción o de ese congreso al timbre de un teléfono y a la llamada de tu chica, es decir, a la mera realidad es parsimoniosamente desconcertante, a decir verdad. Es por eso que el insistente timbre telefónico me sacó de cuadro y me llevó a tambalearme antes de que diera dos pasos hacia el teléfono, contesté y le tuve que decir todavía que me esperara un rato porque debía recuperarme de esa transición que debía ser algo así como salir de alguna máquina del tiempo, revisar mi base de datos y teletrasnportarme hasta el aquí y ahora.

Por suerte, que en su aparente ansiedad por pedirme algún consejo para que pueda elaborar su currículo, supimos –o supe- darle cauce a una conversación que desde luego no me hubiera gustado que se saliera de su cauce, es decir que terminara y punto. Le dí consejos de cómo hacer su currículo, porque se iba a presentar a un trabajo de su amiga o de la tia de su amiga o de no sé quién porque no entendí muy bien, pero se iba a presentar al fin y al cabo y le dije detalladamente, con un perfeccionismo crónico y a mi manera, las cosas que un currículo serio -como yo- debía tener, aunque no sea yo precisamente la persona más seria y que mejor explique de esas cosas de trabajos, currículos y demás papelería burocrática laboral.

Recuerdo que le he dicho que no tenía muchas ganas de reírme pero que me he reído tanto con ella o algo así. Ella me entendió y no quiso meterse más en el asunto porque mi aseveración era algo así como que soy un pobre infelíz que antes de que me llames estaba hasta las huevas y ahora que me has llamado me has alegrado el día, o mejor aún, has resaltado mi vida, sí, así como los resaltadores resaltan las palabras que, según el lector, son las más importantes, así ella lo hizo.

Ahora no me queda otra, ahora que cortó sin un te quiero, pero tampoco sin un adiós, ahora que cortó sin ningún beso, sólo sus deseos de que me cuide, sólo mis deseos de que se cuide también, de que me siga amando, de que me extrañe y de que me vuelva a llamar lo más pronto posible y que sea lo más pronto posible también que se acuerde de mí ahora que estoy tan solo, porque el final fue un silencioso silencio que se dio como un vacío de dime que me quieres o algo así como me lo decías antes pero nada, cortó y punto, necesitaban el teléfono.

¿Te amo?

¿Qué sabía, yo, del amor a los catorce? Si a duras penas podía conmigo mismo, si a tientas veía, recién, el largo y arduo camino de la vida. Si soñaba con las guitarras de Rock-n` roll y los escenarios pomposos. Si lo único que me rodeaba eran las peleas callejeras y los estudios de grabación a la salida del cole. Si lo único que me afanaba eran las chicas, la fama y la rutinaria, trillada y monosintáctica palabra…

Qué sabía, yo, del amor si la vida sólo me daba pequeños empujoncitos, mis amigos sonrisas, mis amigas caricias y yo un pobre y triste huevón. Qué sabía yo de la vida si esta –la vida- aún no me confrontaba de frente y yo le huía tímidamente. Cómo saber del amor cuando uno empieza la vida, a pesar de pensar, ahora, que uno recién la empieza.

Como quitar los recuerdos, imborrables en la mente, marcados con el indeleble y un deleznable plumón. Se quedarán por siempre aunque yo nunca más esté.

Me acuerdo de la diócesis, el confesionario y hasta los juguetes de verano. Mi padre espiritual, los retiros a los que nunca fui, las canchas en las que jugué, la camisa rota, el pantalón descosido, mis cuadernos sin notas y mi registro al olvido.

Me acuerdo de mis profesores en esa edad, siempre amargos, alegres, sonrientes y algunos detestables. Las pendejadas en clase y las luchas internas con el psicólogo, el subdirector, el coordinador y la santa puta madre. La psicóloga debió ser mi primera fantasía sexual de adolescente.

Qué sabía yo del amor en ese entonces, si las palomas no significaban completamente nada, si aún no me recostaba sobre el hombro de la luna en las noches de soledad, si nada me hacía recordar a la falda de alguna, si los poemas de amor sólo eran lindos cuentos lejanos y simples plagios, si las canciones sólo eran para divertirme un rato, si la soledad era siempre estar acompañado.

Pero, a pesar de no haber sabido el verdadero significado de la palabra, tal vez lo sentía, o quizá, lo creía sentir. Quizá sólo le puse un nombre a algo que es imposible ponérselo, porque es tan abstracto como ilusorio.

El amor eterno quizá dure sólo cinco meses, tal vez un año, de repente ocho. Quizá en ese entonces duró poco más de un verano, un verano inevitablemente corto a los catorce.

martes, noviembre 27, 2007

Cuento #02 "Nada de Adíos muchachos"

Quizá el único lugar donde se sienta a gusto sin su recuerdo. Ahí, no la recuerda porque nunca compartieron nada, sentados en alguna mesita de mármol o alguna sillita de terciopelo rojo sobre alfombras de tribales sucias y gastadas.

La tenue desesperación de las llamas sobre el candelabro, enloquecidas por el orgásmico sentimiento de una canción, lo invitaba a beber el vino que nunca pudo beber como aquella noche.

-Y me bebí un vino fuerte, como sólo los audaces beben el placer-pensó-

Los tristes acordes de una guitarra lo invitaban a beber de a pocos, el vino que se consumía a medida que iba cayendo la noche. No consultaba la hora, porque no llevaba un reloj ni le interesaba, y su mirada, extasiada de nostalgia, rompía la inercia del espacio y se perdía, vaga, en la pared morada de enfrente, en algún cuadro de alguna mujer semidesnuda o en cualquiera de los avejentados candelabros de bronce.

De pronto, rompió su silencio y pensó al escuchar una canción.

-No entiendo la letra, como no entiendo muchas cosas de la vida –y se volvió hacia la estatua de una mujer que lo miraba provocativamente con un escote que dejaba al descubierto sus erguidos senos desnudos-

Sus penas se disolvían en una copa de Concha y Toro, a medida que el reloj avanzaba sin tregua. El único ruido: el punteo de la guitarra que lo hacía despertar de ese aletargamiento en el que se hundía por ratos. Sus dientes crujían al masticar los pancitos al ajo que le habían traído a la mesa. Era una noche inolvidable, una noche completamente a solas, como muchas.

-No entiendo lo que dice la canción, como no entiendo muchas cosas de la vida-repite- Dentro de ese rosario estoy yo-intuye-

Los recuerdos son souvenirs que uno va acumulando tras su corto paso por la vida, tras su corta estadía en este hotel llamado tierra, donde hasta ahora no le cuesta un sol la estadía, salvo algunos golpes.

Levanta su mirada enterrada en la alfombra y ve que no lo acompaña nadie. La mesa, que es para dos, sólo anda ocupada por uno, y el otro sillón beige es su único testigo.

Comienza a ver cosas donde no las hay, y al mirar el sillón de enfrente la observa a ella. Acaba de copiar sus gestos, la imita, la extraña. Le invita de su copa y beben juntos agarrándose de las manos, la deja servirse de su plato y llama a un servidor para que le traigan un poco de agua.

-Mierda! Qué raro me siento-parece decir-
-¿No me estaré volviendo loco?-se cuestiona sin aspavientos-

Un servidor irrumpe en la salita y le avisa que la trova empieza.

-Si tienes algún pedido me avisas-le sonríe-

Él le hace una seña con su mano agradeciéndole por el aviso y coge de inmediato una servilleta.

-Tan joven y tan viejo
-Nos sobran los motivos-escribe-

Los dos de Joaquín Sabina. Al rato el cantautor anuncia el tema con un acento catalán.

Los acordes del intro ponen el toque de nostalgia en su mirada. La noche se vuelve fríay difusa. Recuerda muchas cosas.

...Lo primero que quise fue marcharme bien lejos;
ella me dió las llaves de la ciudad prohibida
yo, todo lo que tengo, que es nada, se lo dí...

...Lo que sé del olvido lo aprendí de la luna,
lo que sé del pecado lo tuve que buscar
como un ladrón debajo de la falda de alguna
de cuyo nombre ahora no me quiero acordar…

Al poco rato, tras aplaudir parsimoniosamente, el cantautor anuncia su segundo pedido.

…estos labios q saben a despedida
a vinagre en las heridas
a pañuelo de estación…

Para decir Adiós a los dos nos sobran los motivos…

Se siente satisfecho, parece que va a dejar el local pero no se mueve. Queda alñgon pendiente.

Comienza una trepidante melancolía dentro de su alma, un delator sollozo que nadie observa porque se escondey las canciones de amor...

Entonces se acuerda de todas esas canciones que le hacen recordarla, todas esas canciones que tiene que cantar para poder borrar su recuerdo casi por coacción, para poder recordar cuánto la amo y cuanto, hoy, la extraña.

Ahí, solo, aunque no lo diga, parece haber enfrascado su historia en un aislamiento voluntario, en una solitariedad inconclusa, porque como diría una canción no muy conocida de Sabina:

…Estoy tratando de decirte
que me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque se
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor…

Hubiera deseado tanto poderla tener junto a él aquella noche y poderle dedicar alguna canción entre copas de vino tinto y besos. Escuchar La princesa de Joaquín y mirarla a los ojos sin decir nada.

Hubiera podido acariciarle suavemente sus mejillas y coger su pelo para guardar siempre un recuerdo suyo, su aroma. Seguro se hubiéran reído juntos, como siempre lo hacían cuando juntos, hasta que las mandíbulas le comiencen a pesar y a doler de tanta risa.

La hubiera besado como si fuese suya y siempre lo haya sido y hubiera dejado que ella sea feliz como lo fue antes de conocerlo, pero es inevitable. Entonces de nuevo es imposible evadir otra canción, esta vez de Ubago. De pronto se le clava una frase en el corazón escribe:

- Perdóname si algún día pretendí que no fueras tú misma…

Retrocede su asiento y se acomoda. Ya es tarde ¿Será hora de irse?

Parece que no, vuelve a lo suyo. Miradas indiscretas lo observan. Recuerda que un día exactamente como aquel, en la misma transición de los días, pudo decirle, a ella, lo que sentía sin vergüenza, lo que quería sin condición, lo que anhelaba sin deseo. Pudo besarla sin pudor, acariciarla como nunca antes lo había hecho, tocar sus labios y sentir su delicado cuerpo.

De muchas cosas se arrepiente, menos de haberla amado tanto, menos de haberle entregado todo, que es nada, y que se lo dio.

Coge un post-it y escribe:

Te extraño mucho-lo pega sobre la pared y sale raudamente del local-

Se siente un vagabundo. Pide un deseo. Ve su reflejo hasta en la pintura del Che y se pierde en la bruma de madrugada.

-¡Ya es 25! ¡Hay que celebrar! –sueña horas más tarde-

Se levanta abruptamente de su cama, la busca. Ella no está. Fisgonea su número en el identificador del teléfono. Se acuerda que hace días no llama, no sabe nada excepto el recuerdo.

-Será feliz. Feliz como antes de mis besos-suspira-

martes, noviembre 20, 2007

Cuento #01

Espero lo disfruten, y cualquier parecido con el mundo real debe ser pura coincidencia.

Y me bebí tu recuerdo…
Para que jamás…
Vuelva a lastimarme…

-Vuelve a soñar, pareciera susurrar mi conciencia mientras el ocaso se aproxima. Cae la noche.
-Piensa un poco sobre lo que pasa y terminarás metiéndote un tiro por todo lo que recordarás, interrumpe una vocecita suave.
-Nunca es fácil mirar siempre para adelante –me escribe una gran amiga que me insiste en ir a beber alcohol hasta la inconciencia.

Nunca estuve tan próximo a la muerte como lo estuve hoy. Me despierto entre aplausos, gritos. Me han pasado la voz porque llevo más de seis horas recostado sobre la mesa donde yacen únicamente dos cigarrillos Winston rojos –los últimos que me quedan- y una jarra de cerveza llena sólo hasta la mitad.

Termino de refregarme los ojos. La gente ríe y escucha con jolgorio al único cantautor de la noche, Pablo Jiménez, aquel muchacho –soñador y trovero- que complacía, al instante, mi única exigencia de la noche.

Tu sonrisa la imagino, sin miedo
invadido por la ausencia, me devora la impaciencia
me pregunto si algun dia, te vere

Ya se todo de tu viday sin embargo noo
no conozco ni un detalle de ti
El telefono es muy friotus llamadas son muy pocas
yo si quiero conocerte y tu no a mi, porfavor

Ya es tarde, y a pesar de los aplausos y las risas, me doy cuenta de que el abarrotado lugar ha quedado prácticamente vacío.

-¿La cuenta, señor? -me dice un hombre cuya apariencia me resulta familiar
-Todavía no, gracias, le respondo con la misma amabilidad con la que me pregunta
-La chica con la que estaba sentado se acaba de ir, me advirtió insistentemente y algo angustiado
-He venido solo, le dije, y me incliné nuevamente hacia mis brazos que había dejado apoyados sobre la mesa.

El tipo no insistió más. Yo seguí dentro de mi inconciencia tratándole de buscar algún sentido a esa soledad de estar sin nadie, a esa soledad de no encontrar mi agenda de amigos por ninguna parte y de no tener un sol en el bolsillo ni ganas para llamar a esa persona que tanto amo.

Aquella noche traté, al menos, de llevarme bien conmigo mismo. No tenía a nadie, salvo aquel fantasma en mi cabeza, salvo aquella triste sensación de no estar nunca jamás a su lado, el recuerdo triste de una canción y de varios momentos.

Me acomodé los lentes, que llevaba puestos, bruscamente. Antes de ingresar al lugar había sobreparado en una bodeguita donde compré un lapicero, porque no había cargado ni uno cuando salí de casa. La tapa del lapicero topó con el suelo, no hice caso.

Comencé a escribir en servilletas, pero las musas andaban de vacaciones. Aunque escribir pequeños versos sobre aquel papel que se descosía sobre la madera era indiscutiblemente bohemio e inspirador. No tardé mucho en encontrar el hilo conductor que me llevaría de lo nostálgico a lo sarcástico y comencé a envolverme en una atmósfera media rara de suponer un encuentro furtivo con B.

-Discúlpame, no quiero malograr tu amistad con ella, le dije preocupado tras descubrir que era amiga de mi ex.
-No tienes por qué disculparte -me dijo sonriendo
-Olvida todo lo que pasó, el beso, la próxima salida, mis padres…
-No, no lo haré- interrumpió-
-Entre nosotros nunca pasó nada –repliqué exaltado
-Fue lindo- contestó-
-¿Fue lindo qué?
-El beso pues, y comenzó a alejarse despidiéndose lentamente mientras sus amigas la jalaban insistentemente del brazo.

Había regresado del baño y pude notar que el cojín de mi asiento estaba hundido -llevaba ya más de ocho horas en ese lugar- la chela ya se había terminado y los dos Winston rojos seguían intactos. Mi camisa a cuadros era la que más llamaba la atención en todo el bar y mi retraimiento hacía que lo que pensara se propagara como un eco a través de todo el salón.

Sería únicamente porque me había quedado solo.

-Cerramos en 5 minutos-volví a escuchar la voz del mismo señor que me levantó para alcanzarme la cuenta-
-¿Dónde está ella?-pregunté-
-Salió corriendo-replicó mientras su mirada se estremecía de pena al mirarme
-¿Cómo estaba?- pregunté ahora más preocupado
-Parecía haber llorado-me dijo más tranquilo-
-Si regresa algún día, sería tan amable de darle este mensaje- le dije mientras alzaba una servilleta para entregársela en sus manos.

-Perdóname.

Y a pesar del certero tiro en la cien y su rostro totalmente ensangrentado, finalmente ella pudo identificarlo escabulléndose entre los enormes cuerpos de los hombres de la DIRINCRI.

-Perdóname tú a mí –dijo mientras rompía en llanto-

lunes, noviembre 12, 2007

¿Dónde estaba A. cuándo más la necesitaba?

Se dirigió a mí –después de tanto tiempo- con palabras tan suaves que, de pronto, no supe si me hablaba o trataba nuevamente de evadirme. Su inocua mirada y su cabello pulcramente recogido.

¿Qué tal ah? Me dijo aquel día con un tonito como el de mi vieja pidiéndome explicaciones. Mi respuesta, sólo un beso.

De pronto empezamos a conversar como no lo hacíamos desde años cuando se alejó por primera vez y por completo de mi lado a raíz de mi sincera y tan directa honestidad. Recuerdo aquella época de alegría, de no conocer –ni querer conocer- a nadie y conocerla sólo a ella, si ha de ser su sonrisa el combustible de mi felicidad –me preguntaba-, aquella época del querer imaginar el siguiente día teniéndola nuevamente cerca, quizá alimentando algo que de pronto no hubiera podía alimentar para siempre: su actitud tan alegre ante la vida.

A. sospecho que los años han pasado. Me veo reflejado en ti, como si llevaras una parte de mi vida, un bonito recuerdo, que al final sigue siendo eso, sólo un recuerdo.

Un recuerdo que, de repente, lo más correcto sea dejarlo como tal, para que no deje de ser el más lindo. Un recuerdo que tiene algo de los dos y a la vez de ninguno, que tiene mucho de ese ímpetu que mostrábamos cuando conversábamos de cualquier cosa y nos reíamos de nada. Un recuerdo que tiene algo de mis caricias y las tuyas.

Sospecho que nunca supiste cuánto entristeció mi alma saber que nunca nada volvería a ser como antes. Recuerdo cuántas horas caminé pensando únicamente en ti, lo recuerdo perfectamente.

Y cuando quise saber algo más, no pude y me conformaba al recibir noticias tuyas a través de amigas. Sabía que estabas bien y eso era lo más importante. Comenzaba a saborear el gustito de la derrota. Te comenzaba a amar.

A. estos años han sido muy duros. Con sólo decirte que ahora ya no puedo verte como una amiga, aunque eso sea precisamente lo que tú desees. Mi polera negra aún sigue guardando ese olor tuyo, ese aroma, desde aquel día en que te la pusiste para aplacar el intenso frío de invierno aquella noche en que comencé a sentir algo.

Aquella noche que juntos en un taxi…aquella tarde que juntos en un bar.

“Jamás saldrás aquí”

El mundo, está plagado de consumismo y moda, paneles publicitarios y gigantografías. Todas estas cosas nos muestran cánones de bellezas y los últimos gritos de la moda. Todos nos inducen a parecernos más a ello o a ellas. Todo apuntala a crear ese ambiente grandioso y ficticio, pero inalcanzable para la gran mayoría.

Lima. Ciudad capital de uno de los países latinoamericanos en donde convergen distintas razas: Perú. Donde desde la llegada de los españoles en el siglo XV somos es conglomerado de moléculas dispersas y pluriculturales. El Perú de todas las razas, como diría el gran José María Arguedas.

Es cierto, el Perú de todas las razas, pero no olvidemos que ese Perú es mayoritariamente andino.

¿Jamás saldrás aquí? –viene como un flashback a mi cabeza.

El spray verde rociado en la transparente superficie de anuncios causó en mí una fuerte impresión: asombro. Impactó de pronto el mensaje en mi cabeza. Algo tan pequeño, tres palabras: arte. Protestar con algo tan simple pero profundo.

Luego medito, me causa risa porque no sé cuál habrá sido la real intención del autor, la sospecho pero no la puedo preveer. Habrá sido como yo lo he pensado-eso creo-.

Al costado, dos modelos…¿modelos?... bueno dos gringuitos con ojos azules, cabellos dorados, tez blanca, clase A+ -¿acaso existe esa clase?-…en fin…ustedes saben de lo que hablo, si Lima está plagada de afiches con esos refritos en el modelaje publicitario.

¡Ahí está el problema¡ Pero eso es inofensivo..¿inofensivo? Es ahonda aún más nuestro ya por los suelos complejo de inferioridad y falta de identidad.

Claro, pasa un Quispe Canchas, un Huamani o un Tiburcio y –obvio- jamás se parecerá en lo absoluto a uno de aquellos modelitos o modelitas que aparecen en la publicidad.

¿La publicidad es mala? No. Malos son quienes odian haber nacido en Lima y prefieren estar más cerca de Miami. Aquellos que odian sus raíces son los artífices de la creación de necesidades en nuestra patria. Aquellos que ponen al hombre andino como un recurso de responsabilidad social y no como un modelo a seguir. Aquellos que ponen “ketchup” en vez de decir “salsa de tomate”.

Por eso nuestra falta de identidad. Los medios, y la publicidad la refuerzan y ello se traduce en el odio hacia lo propio, lo autóctono, lo indígena.

De hecho yo nunca saldré ahí porque no necesito hacerlo para ser feliz. Me siento bien conmigo mismo, no quiero autodestruirme, es sumamente estúpido.

De repente tú tampoco jamás saldrás ahí. Siéntete bien por eso. Eso no es un gran logro. Que sí lo es… eso es lo que nos quieren hacer creer todos esos revisionistas mal llamados publicistas.

Me considero –como diría Alfredo González que a propósito lo vi el otro día enyer en el programa de Beto Ortiz- un tránsfuga del “pituquismo”. No tengo que demostrarle nada a nadie, sólo me lo tengo que demostrar a mí mismo. “Jamás saldré” y qué.

lunes, setiembre 24, 2007

No te vayas...


No te vayas para volver mañana...
porque mañana...
mañana será diferente...

Tal vez te querré como siempre...
pero lo que no pudo ser ayer...
no lo podrá ser... jamás...


Ya llega la hora de partir...

Pero... no será por tí,
sino por mí, que ya no...
no estaré aquí...

miércoles, setiembre 19, 2007

De lo bueno, poco.


Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise...
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído...

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero...
Es tan corto el amor y se hace largo el olvido...

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido...

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.





"20 Poemas de amor y una canción desesperada"
De Pablo Neruda

martes, setiembre 18, 2007

Algo para meditar

Cuando uno se reprime, nunca experimenta las cosas en su totalidad, nunca gana nada con ellas. La sabiduría viene con el sufrimiento y la sabiduría viene con la aceptación. Ocurra lo que ocurra, está cómodo con ello. No te preocupes de la sociedad y sus condenas. Aquí no hay nadie que te juzgue, y nadie puede pretender ser el juez. No juzgues a los demás ni dejes que te perturbe ni incomode el juicio de los demás.

Cada uno de vosotros está solo y es único. Nunca fue antes, nunca será después. Cada uno de vosotros es hermoso. Aceptadlo. Y, ocurra lo que ocurra, permite que ocurra y pasa por ello. Pronto, el sufrimiento se volverá esperanza; luego se volverá creativo.El miedo te dará impavidez. De la ira surgirá la compasión. De la comprensión del odio, sugirá el amor en vosotros.

Pero esto no sucede mediante el conflicto, sino yendo con una consciencia alerta. Acepta ir a través de ello. Y si te propones ir a través de cada experiencia, llegará la muerte, la más intensa de las experiencias. Ante ella, la vida no es nada, porque la vida no puede ser tan intensa como la muerte.La vida se extiende durante un largo período; setenta años, cien años. La muerte es intensa porque no se extiende; es un solo momento; llega toda junta, no en fragmentos.

Será tan intensa que nunca habrás conocido algo así de intenso. Pero si tienes miedo, si antes de que la muerte llegue has escapado, si te has vuelto inconsciente por el miedo, te habrás perdido una de las oportunidades de oro, el portal de oro. Si toda la vida has aceptado las cosas, cuando la muerte llegue, la aceptarás de manera pasiva y entrarás en ella sin esforzarte por escapar.

Si puedes entrar a la muerte de forma pasiva, silenciosa, sin esfuerzo, la muerte desaparecerá.

Habrá muchos momentos en los que, súbitamente, sentirás que estás muriendo. No escapes, permite que ocurra. Si se lo permites, la muerte se va, la muerte ya no está allí, y la llama interna, que no tiene principio ni fin, llega a ser. Siempre ha estado allí, ahora la podrás sentir.De modo que éste debe ser el sutra. Trátese de miedo, odio, celos, lo que sea, no hagas de ello un problema. Acéptalo, atraviésalo, y derrotarás a todo el sufrimiento, toda la muerte. Y te convertirás en un yina: uno que ha triunfado.

¿Alguna cosa más?

jueves, agosto 16, 2007

Título:--------------------------------------------(a disposición)

El crepúsculo ocultó la sombra que dibujaba, cual trazo de lápiz, su figura...
la hermosura implícita, las tinieblas en su pelo...
El crepúsculo menguó tras el asolapado discurso del amor y las miradas...
los cabellos al viento y el viento una ilusión...

Los caballos a los lejos y las carretas salidas de su cauce bajo el sereno que aunque de noche...
la calle: una sola lápida de asfalto...
Preguntábame cuán indigno es el destino, cuan borrosos los objetos y un silbido casi a media noche...

Las voces: ruidos, y la canción se repetía interminablemente en el diván...
El cielo para mí era azul aunque de negro lo pintaban todos aquellos inclinados en hacer de aquella historia algo triste...
Las estrellas palpitaban y no daban tregua a que pudiera descansar, no hubo recesos...
Todo gemía, el celular timbraba, la gente observaba lastimera, dueña de una presión profunda...

El crepúsculo ocultó ya la sombra, pero no ocultó el recuerdo...
Su figura cual caricatura se dibuja aún en trazos de carbón...
y el viento... ¿qué es ahora el viento?
...es algo mucho más profundo...
porque el crepúsculo no es el mismo, porque ahora el amanecer tarda un poco más en aparecer...
y el día...el día se va volviendo nada al igual que la vida...

viernes, julio 20, 2007

Por lo general...


Cuando a uno no le queda de otra que aceptar su realidad, se da cuenta que es más feliz aceptándola que intentándola cambiar. Es mi realidad, quiera o no, me guste o no y es mejor responsabilizarme por ella, si no de lo contrario estaré destinado a emprender un proceso de búsqueda de realidades alternativas, que no sólo me destruirán –por ser aquello un sentimiento autodestructivo-, sino que a la vez me harán infeliz.

Y escribo esto, porque tengo que admitir que de aca a un tiempo, mi soledad, esa a la que yo tanto amaba, y con la que tantos momentos pasé acompañado, comenzó a disgustarme al punto de rehuirla. No podía soporarla, me repelía de tal manera que buscaba la forma de evadir tremendo peso de encima. Que infiel que había sido con mi soledad. Y yo que tanto disfrutaba con ella, y yo que jugueteaba haciéndole cosquillas, y de vez en cuando mimándola. Conversaba con ella, escribía y hasta filosofaba.

Tengo que admitir repito, que hace algún tiempo mi soledad dejó de ser mi predilecta, y la melacnolía con la que ella siempre llegaba se esfumó de repente.

Es por ello, que he tratado de arreglar mi situación con ella, traé de convencerla que regresara, me dijo que lo pensaría. No sé que hacer ya para esperar su regreso y para tenerla nuevamente en mis brazos. No sé que hacer aun después de todo lo que he hecho. Y es que en la soledad siempre han salido mis mejores escritos, es ahí donde me confronto cara a cara con mis verdades. Y trato de introspecionarme a fin de conocerme un poco más, parafraseando a Sócrates. Pero qué pasa si esas verdades y esa confrontación producto de la introspección suele resultar adversa a uno mismo, porque cuando me inspecciono y más me conozco a mí mismo, me entero que no soy tan perfecto como quise creer –y siempre creí-, y que tengo mucho más defectos que virtudes, pero que indudablemente tengo que revertr esos defectos para que mi destino no sea quedarme huérfano de humanidad.

Así es, a veces solemos ver nuestro propio reflejo en las demás personas y mientras más veamos nuestro reflejo en ellos, más nos sentiremos aliviados, nos olvidaremos de nuestros propios defectos y problemas. Mientras la otra persona sea histérica, eso hace que yo olvide que yo también lo soy. Yo estoy bien, tú estas mal. La clásica de los que encuentran todos los defectos habidos y por haber en terceras personas. Aquellos que andan buscando hasta en el más mínimo detalle un defecto. Ellos se encuentran con la alegre realidad de que sus problemas se ocultan y se hacen invisibles ante los de los demás pero eso no soluciona el problema, siguen teniendo los mismos, siguen siendo iguales.

Por eso es que la soledad, es una parte fundamental para revertir esas actitudes. Es un camino, diría yo, para saber qué de bueno nos trae ahora nuestra soledad. Hay que saber apreciarla, de lo contrario llegará quizá un momento en que hubiéramos preferido no olvidarla ni desatenderla, ni dejar de mimarla, aunque sea para que no se vaya de nuestras vida, y podamos contarle todas las cosas que nos faltaron y no nos quedó tiempo para contar, aunque todas las cosas no se digan muchas veces y se dejen en el limbo de las oraciones inconclusas y subliminales para que aquella tercera persona las entienda..

La vida es un dormir profundo, y uno de sus sueños es el amor...

Calderón de la Barca y su famosa obra: La vida es sueño. Será cierto o será otra de las afirmaciones retóricas de todo escritor que busca un papel protagónico en virtud de sus elocuentes trazos. Pensemos, en realidad, cuan bien nos vendría un estado de sueño profundo en este momento, en el que la humanidad pareciera haberse empecinado en luchas, guerras y todo cuanto convierte al hombre en un animal en su mínima expresión. Podríamos empezar diciendo que los sueños aparecen cuando uno se empecina en reprimir algo. Es como una forma de protestar ante tan inhumano acontecimiento: reprimir. Pero no reprimimos cualquier cosa, precisamente reprimimos sentimientos e ilusiones.

Los sueños no siempre utilizan la violencia para que premeditadamente se puedan ufanar de su hazaña, aunque es legítima ante el abuso que comete la mente despiadada en no dejarlos salir a flote. Ruegan por que se les de un espacio y sufren por sólo presentarse en sueños, quizá nunca los conocerán, o quizá se pierdan en el olvido de nuestra frágil memoria. Lo único que somos, puedo decirlo hoy, es ilusión. Una ilusión transformada en ganas, ganas de luchar por un futuro promisorio, por un futuro que nos devuelva las agallas y las esperanzas que perdimos cuando nos enfrentamos por primera vez a esta cruenta realidad llamada mundo o retóricamente hablando: planeta tierra. Solíamos divertirnos con correr luchando por alcanzar la nada y reir sin más motivo que el reflejo de una sonrisa en los rostros de los demás. Todo se fue, pero no fue en vano. Imitábamos por el simple hecho de estar acostumbrándonos a un mundo que nos era hostil y solíamos protegernos mediante la inocencia de aquellos años en los que jugábamos porque no conocíamos otra manera de ver la vida.

Lástima que la inocencia se perdió con los años, pero es inevitable. Son escalones, peldaños que vamos alcanzando y seguimos trotando hacia la meta, ya no luchando por alcanzar la nada, porque vemos que la nada ya no existe. Más bien vemos que los sentimientos autodestructivos nos agobian y esperan de nosotros una rendición fácil y sin mayor complicación. Antes solíamos reir, hoy sólo lo hacemos por compromiso. Antes jugábamos como única forma de ver la vida, hoy lo hacemos para olvidarnos de nuestros problemas. Antes veíamos en los otros a personas confiables, hoy sólo vemos a nadie como amigo aunque todos insitan en llamarlos como tales. Confianza?...aquella palabra pintada de arcoirirs, la que el tiempo erosionó, fue desgastándose lentamente con los años y hasta las heridas, si es que ya no sangran, siguen marcando nuestros cuerpos con cicatrices. Quién diría que son los años, los que no pasan en vano y el tiempo es nuestro peor enemigo. Por fin quisiera ir por el mundo, y recorrerlo por completo; pero si algún día me faltan ganas de hacerlo quiero que estés a mi lado, quiero que recuerdes cada uno de los momentos que pasamos juntos.

Yo estoy loco, tú estás más loco


De la locura se ha hablado innumerables veces. Hay quienes sostienen el argumento de que locura es hacer siempre lo mismo, esperando resultados diferentes. Otros alegan que locura es simplemente un estadío de la mente humana cuando pasa por procesos de desórdenes mentales. La depresión, la tristeza y el aislamiento podrían ser desencadenantes para este fenómeno intransigente que deriva –a mi entender- de un desorden interno de pensamientos, ideas y emociones encontradas.

Todos tenemos algo de locos, pero en unos salta más a la vista que en otros. Yo tenía un compañero de clase caracterizado por un andar solitario y un hermético mutismo, todos le decían “el loco”. Pero de loco no tenía absolutamente nada. Solía pasear descalzo en varias oportunidades por creer que ello denotaba paz interior y una mayor pureza del alma. Un día –cuando agoté todos mis esfuerzos por arrancarle una conversación- pude notar que su “locura” no provenía de desórdenes mentales, ni siquiera era la resultante de una profunda depresión, así que indagué aún más. En nuestra primera conversación no pude satisfacer todas mis ansias de conocimiento, así que quedamos en encontrarnos en un conocido café de la ciudad un viernes por la noche.

Recuerdo que aquella noche, en el café miraflorino, bajo la luz tenue que alumbraba los sórdidos ambientes clásicos del local, me insinuó con un tonillo de película de acción su interés por contarme una historia. Mi mirada le reclamó que prosiguiera y así lo hizo. Empezó diciendo: Una vez en un castillo de un pueblito muy lejano… Lo demás –creo- desenmarañó todas las posibilidades de duda frente a las conjeturas que había realizado sobre mi posible locura. Me comentó que un Rey había vivido por muchos años con la inmensa carga de tener que convivir con un hijo que se había vuelto “loco”, el hijo juraba y rejuraba a los cuatro vientos que él era un gallo. El rey había decidido pagar una gran fortuna a la persona que se acercase al castillo y curara de la locura a su hijo. Fue así que llegaron personas, gurúes, adivinos, chamanes, etc de diversos puntos de la ciudad para curar al hijo del rey esperando la gran recompensa, pero al cabo de todos los intentos que sucedieron para hacerlo, ninguno lo logró. El rey andaba decepcionado y con una inmensa tristeza, sin embargo, una mañana logró escuchar que alguien tocaba la puerta del castillo, se asomó y preguntó quien era. Vengo a curar a su hijo – se oyó detrás de la puerta. Era un místico que había ido luego de escuchar que el rey buscaba a alguien que curase de la locura de su hijo. Ya han venido muchas personas y ninguna ha podido curarla, por qué tendría que confiar en ti para que cures a mi hijo –replicó el rey. Porque si su hijo está loco, sólo otro loco puede curarlo – argumentó pausadamente y con mucha sabiduría. Entra – dijo el rey y no se oyó ni una sola palabra más.

Cuando el sabio entró a la habitación en donde se hallaba el hijo del rey, se encontró que el muchachito estaba debajo de la mesa desnudo. Inmediatamente, el sabio se quitó igualmente la ropa y se escabulló junto a él debajo de la mesa. Pero que haces – dijo el muchachito. Yo también soy gallo – dijo el sabio. No, tú no eres gallo. Cómo sabes – replicó el sabio. El hijo del rey quedó muy confundido, no obstante convivieron de esa manera –debajo de la mesa y desnudos- por meses. Corría el doceavo mes cuando el sabio decide salir de debajo de la mesa y ponerse su ropa. El hijo del rey lo mira con estupor y le recrimina: qué tú no eras gallo! El hecho de que coma, vista, hable y camine como humano – replicó el sabio- no quiere decir que deje de ser gallo. O te entiendo – le dijo el muchachito-, hemos convivido y tu eras también gallo y ahora me dices que no dejas de ser gallo y te comportas como los estúpidos humanos. El muchachito no salía de su estupor, cuando de pronto el sabio lo encara. Yo puedo hacer todas estas cosas porque el hecho de que me comporte como ellos – como humano- no cambia en nada mi esencia, yo sigo –en esencia- siendo gallo, sólo les hago creer que soy como ellos. De repente el hijo del rey comenzó a salir de donde había estado por más de veinticuatro meses y se comenzó a vestir. Se miró al espejo y dijo: es verdad! Sigo siendo gallo!

El hombre –en esencia- no cambia pero uno están más locos que otros. Al final, uno no es más loco por lo que aparenta sino por lo que es y uno no es más gallo por parecerse más a un gallo sino por el contrario, cuando menos se parezca a un gallo sabrás que su esencia sigue siendo la misma así se vista, hable y se alimente como tú.

Yo podría estar loco escribiendo estas líneas sobre la locura que se me ha dado por escribir pero no tendría razón de ser si nadie lo leyera. Entonces si yo estoy loco escribiendo esto y tu te tomas el tiempo de leer mi locura llego a la simple y alegre conclusión que no soy el único loco sino que hay otro más loco que yo, el que me lee. Al fin y al cabo es para nuestro bien y lo único que quiero es que te cuestiones y te cuestiones y te cuestiones y no te quedes con una única verdad. Porque así como las palabras engañan la verdad es mentirosa, sino pregúntenle al que escribió mentiras verdaderas. Hasta la próxima.

Nunca confíes en una computadora


Hace poco más de una semana descubrí –al ingresar a mi computadora- que todos mis archivos se me habían borrado. La causa: la instalación de un programa que oculta documentos de manera momentánea. El problema: no saber que el programa que había instalado era un programa de prueba, cuyo tiempo de duración era sólo 30 días. El programa reaparecía constantemente cuando yo me disponía a rescatar del anonimato, escritos que, suponía, tenían algún valor para mi. Lo único que debía hacer era presionar “Control + A” y salía una cuadro de diálogo en el que debía ingresar mi contraseña y listo. Yo sabía que el tiempo de prueba había concluído -la misma máquina me lo indicaba- pero el programa seguía funcionando. Yo, confiado, seguí creyendo que la ilusión momentánea de que todos mis archivos hayan desaparecido sumiéndose en el anonimato ante el acecho de quienes trataban de hurgar en mis asuntos personales sea cierto.

Todo esto me causó un gran malestar al principio; hoy, no se si lo sea del todo. Creo haber reflexionado en el asunto y sospecho haber llegado a una conclusión muy diplomática. Ahí les va.

Partiré del proverbio que dice: Todo pasa por algo. No sé si será un proverbio, frase, cliché, o si nuestros padres no lo introdujeron hasta el cansancio en nuestro subconsciente, pero lo que sí sé es que la frase se cumple a cabalidad en esta circunstancia que me toca vivir. En un principio pensé que era lo peor que me hubiera podido pasar: todos mis escritos –poemas, novelas, ensayos, etc- se habían ido a la basura. Pensé que era una maldición. Como si estuviera viviendo algo irreal volvía abrir el programa pero era en vano. En mi desesperación por recobrar mis archivos le pedí ayuda a la persona que me había metido en líos –porque fue la que me dio el programa- , mi padre. Me dio una solución, pero no funcionó. Así que me resigné a no ver nunca más mis escritos.

Aún me causa cierta tristeza saber que nunca más los volveré a ver, pero eso es lo de menos. Luego –con la cabeza un poco más fría- traté de meditar en lo que me había pasado y traté de darle la vuelta al asunto y verlo de manera positiva. Me di cuenta de muchas cosas. Primero, de que había estado viviendo con una pesada carga sobre mis espaldas, llena de recuerdos –plasmados en escritos-, mi bote había estado repleto. No sabía cómo sacarme ese peso de encima que me producía volver a revisar el pasado. Las fotos, mis escritos y todo lo que ahí guardaba pareciera que el viento se los hubiese llevado.

Segundo, me di cuenta de que todo en esta vida es temporal, totalmente pasajero. Corroboré el hecho de que mientras menos botes carguemos en la vida, mucho más ágil y ligero será nuestro paso por ella. Comprendí, que mientras no pueda cruzar el caudaloso río voy a necesitar un bote, pero una vez que me encuentre en la orilla de enfrente y ya lo haya cruzado ya no lo necesitaré más, seguir cargando con él sería absurdo. Esa es la misma analogía que hago con lo que me ha acontecido: las palabras son un medio, y cuando las palabras ya cumplieron su función, ya no sirven y es preciso desecharlas. En este caso no fui yo quien con alevosía las desechó, pero quizá el destino me haya querido quitar uno de los más grandes botes que hasta hace una semana seguía cargando en mi vida, aunque digan por ahí que destino, qué es eso, no existe.

martes, julio 17, 2007

17-07-07

17 de Julio. Errores, yerros más defectos que virtudes. Cuna, peluches, mamaderas, pañales, gordito, nido, primaria, secundaria, flaquito, celulares, computadoras, el fútbol, golpes, oye levántate!, cerros, viajes, fotos, cambios, lentes, mudanza, frío, amor, más golpes, levántate nuevamente!, más cerros, más abras apachetas a 5000 msnm, más viajes, comidas, lujos, humildad, hierros, hierros, hierros, lágrimas, alegría, sonrisas, tristeza, celebraciones, riegos, ruegos, oraciones, naturaleza, trabajo, dinero, carros, consumismo, paseos, enojos, máscaras, ira, celos, sufrimiento, dulzura, paciencia, apertura, peligro, rebeldía, golpes y más golpes...hierros y más hierros, más defectos que virtudes y ya me voy convirtiendo en alguien...porque cuando me doy cuenta que no soy nada voy siendo alguien y cuando más sé que sé, no se nada. Todo lo que soy, no lo oculto, así soy, imperfecto y débil pero mientras más conciente soy de mis debilidades aún más me fortalezco. Gracias Dios. Me voy de viaje... ya les contaré...

martes, abril 03, 2007

El momento no es el inoportuno, son inoportunas las palabras

Todos mis caminos enrumban hacia ese lado inhóspito que dejaste entrever en la sutil conversación que tuvimos anoche. Esa claridad con la que pude ser testigo de aquel soñador impulso que me permitiría luego, haberte podido besar. Soñador, incluso, cuando de pronto pudiste entrelazar nuestras manos en un instante, sólo con rozar de aromas mi irrisoria piel... Dentro de las clarividencas que tuvimos, y que tuviste, fuiste presa fiel de aquel deseo ingrato y abismal con el que pude leer tus labios y pude aun conocer lo que callaban.
Puedo remembrar el pasado, y es lo que precisamente hago ahora, aunque este, no sea muy lejano todavía y se haya quedado grabado en la retina del ayer, y en el de los deseos reprimidos. Quisiera poder jugar contigo hasta el amanecer, y aparentar engreimiento y sinsabor, y hacer chasquidos al besarte. Podría, tal vez, construir un diadema con las palabras que no dices, y con las que dices, escribiría un poema... con tu mirada divagando en el ambiente y en mis ojos, podría pintar una tarde las nubes, mucho más hermosas que como las pinta el sol cuando está por ocultarse. Estaría sentado frente a tí, sin más razón que la de estar ahí, y tenerte a mi lado.
Pero... Por qué hablamos?... y no aprovechamos ese tiempo en darnos besos, y caricias. Para poderte mostrar lo que verdaderamente siento, lo que no es más que un sentimiento que me agrada y me hace sentir vivo... Pero...por qué hablamos?...y no usamos ese tiempo -que hablamos- en agarrarnos de las manos, en darnos besos, sin ninguna otra razón que sentirte cerca...por qué hablamos de tus cosas y de las mías... de la economía, la política y hasta de lo que el pasado ya se ha encargado de borrar...y no sabemos aprovechar la oportunidad que nos da la vida...la que se va en cada minuto que pasa con el viento y con los ruidos de la gran ciudad, que cada vez transita mucho más rápido...pero por qué hablamos y no utilizamos aquel tiempo en mostrarnos el amor que nos tenemos, por qué no refrescamos nuestras memorias y le damos algo de lucidez a nuestras mentes, y asi podamos estrechar la distancia que separa tu mirada de la mía...
Pero...Por qué pretender decirlo todo, por qué escucharte sin motivo... No pretendo hacerle caso a esta mente, no pretendo preguntar por qué?...
Un sinfin de preguntas invadieron en tropel cuando el viento me avisaba de un posible hostigamiento maternal... podía sentir sus latidos acelerados, retumbando en mi pecho, tu respiración en el oído y sus besos construyéndome un poema sin palabras... la hora?... no la llevo contabilizada, pero aseguro que, tampoco, me gustaría llevarla. Preferiría que el tiempo se rinda ante la agonía del reloj que colgaba -recuerdo- algo destartalado, en la cocina. Y no me tomé la molestia de consultarlo -el tiempo- pero el que pasó fue tan corto...tan efímero..tan rápido...
Luego, las calles solitarias me daban la bienvenida y la noche me cobijaba en su regazo, mientras yo le trataba de encontrar alguna razón al momento, mientras yo me tomaba el tiempo de caminar tan pausado, sin importar siquiera la hora... sin preguntarla...camino una cuadra y dejo pasar a los carros, los que no osan detenerse a esas horas ya de una tranquilidad pasmosa. Bohemios. Un hombre que se duerme en la bruma de la noche al lado de su herramienta de trabajo. Una mujer que vende oro, todos caminan en la mismas acera por la que transito. Una dama solitaria baja los escalones conmigo, acongojada trata de ocultarse en la oscuridad y no puede, todos están a la expectativa pero a esa hora nadie. Un hombre me recibía exhausto echado en una banca, de bruces al cielo y con la desdicha de haberse quedado sólo... quizás no tendría por qué utilizar el término "desdicha"... un individuo me espera agasapado en la penumbra al otro lado de la avenida mientras yo la cruzo algo temeroso, y transito por tres cuadras solitarias. Una pareja de amantes me saludan desde el parque, sentados en una banca, amantes extasiados por alguna droga benemérita y relajante llamada: amor. Llego a mi casa y pienso que quizás sea eso, una droga, que te hace cometer tantas estupideces y te azuza a comportarte como un tonto...al fin y al cabo, eso es el amor, y nos gusta...pero lo que es más bello aún, es que es volátil y quien no lo sienta, pues estará condenado a estar liciado de por vida, quien no lo sienta, por favor, no se tome la molestia de despertar mañana...

sábado, marzo 31, 2007

Prefiero no llegar a conocer algunos de los misterios de la naturaleza precisamente de la humana.

Qué mejor compañero!

Un sólo cerebro para un millón de estímulos. Democracia o autocracia? NO hay repuesta que salte a la vista. Analicemos por un momento en esta soledad alegre, en esta oscuridad tan clara, tristeza húmeda y melancolía barata que ya no sabes cómo predisponer al poeta tus palabras tan solas, tan lúgubres tan de noche...

Lánguidas horas que transcurren ante la mirada expectante en el reloj que cuelga en lo alto de la pared y se estremecen huyendo de cuando en cuando de aquellos pensamientos aletargados de noches apasionadas, de amores locos y desenfreno apático...

Quebrantas la ley del más fuerte y sueles creer en ironías a las desdichadas tardes, y te desvías del ocaso que pronto concluirá princesa de palabras, porque en fin, ellas siguen siendo un medio y tú alguien tan real...

Sexo, poder, fortuna, dinero, todo es un medio,y no un fin en sí mismos, aun la dictadura autocrática que se enmascara de una falsa democracia representativa y que se prostituye por unos cuantos acuerdos y convenciones sin sentido. Burocracia. Esa misma que viene siendo subsidiada por un mercantilismo de amor con todas las luces apagadas y riéndose de besos. Incrédula, te abstienes de probar el sinsabor del sabor que nos da la vida. Sueños rotos, los que me vas dejando en mi activo de vida. Eres bella como un farol lejano que desdice toda teoría de la absurda transfomación en un secreto. Lo único que se le ocurre es querer, porque quererse a sí mismo no vale nada, porque quererlo todo te llevará al fracaso, quieres todo pero no tienes nada.

miércoles, marzo 21, 2007

Poema...

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise...
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído...

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero...
Es tan corto el amor y se hace largo el olvido...

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido...

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

"20 Poemas de amor y una canción desesperada"
De Pablo Neruda

sábado, marzo 17, 2007

Ella es la enemiga del fantasma en mi cabeza

Constantemente suelo tenerla conmigo en mi inconsciente, hago ademanes sinceros y hasta le planto la conversación que tuvimos el día anterior, ella es dueña de mi pasado, producto de los recuerdos que la distancia aún no se ha encargado de borrar y hasta podría alegar en un gesto de incongruencia conmigo mismo que también es dueña de mi presente. Mi inseguridad hace que sea su morada predilecta y hasta su comida es mi ansiedad pura. Tras mis pasos viene ella dejando el vino junto a mí luego de beberlo, los dos, del mismo vaso. Por supuesto, ella es la mujer perfecta que me construyó mamá, y a estas alturas viene a joder mi psicología.

No he llegado a comprender del todo si este fenómeno es producto de alguna obsesión cercana a la etapa de mi niñez, ni mucho menos me he detenido a pensarlo, quizá pueda explicármelo a través de sueños. Alguna vez soñé, por qué no contarlo, que aquel sentimiento abrumador solía interrumpir los escasos momentos de cordura que perduran hasta ahora en mí. Los pocos complejos que poseo, gracias a la benevolencia de mis padres, no producen ningún rasguño en la costura de su austera falda. Quizá –sigo sospechando- aquella mujer que me construyó mamá fue muy grande de estatura.

Mis sueños han sido atiborrados de imágenes en mi mente, de aquella mujer fantasma que anhela ser la predilecta en mi corazón, y tanto ha sido mi desconcierto que he llegado al punto de acudir a un especialista en la materia: Un psicoanalista. Las terapias son de 3 a 4, sólo los días miércoles y jueves y no pretendo dar más explicación al detalle porque no podría incluso. Pero, como les comentaba, tanto fue mi miedo, que acudo con suma religiosidad tales días de la semana.

Es una casa semiderruída, no por el descuido de sus habitantes sino por el tiempo, toco el timbre, me abre un señor de aspecto desaliñado, muy descuidado, entro. Adelante, me dice, siéntese y póngase cómodo. El doctor siempre me ofrece algo de tomar, pero nunca acepto. A ver cuéntame hijo, qué tienes, recuerdo que me dijo la primera vez, dándose cuenta del estado en que me encontraba totalmente sumido. Le conté el papelón que hice con la chica que conocí el otro día en aquel bar, y no tuve remedio en contarle a cuentagotas la imagen tan irreal que me habían construído en la cabeza.

Hasta ahora, he tenido poco más de 8 sesiones, y me he atrevido a preguntarle al doctor si es que todo esto se debe a el deseo de esperanzarme con demasía o conformarme con poco, si lo que me está sucediendo es parte de un cuadro de cordura o estoy totalmente loco. Doctor… ¿no será que la vida es un rosario de caprichosos antojos?...le seguí comentando al doctor que ella, la de carne y hueso, era la que pagaba siempre los platos rotos, la de verdad, ella, la que me cuida, la que me entibia mis noches de insomnio y frío, la que me espera, y por si fuera todo eso poco, también me aguanta: la enemiga del fantasma en mi cabeza.

Luego de la 5 sesión, el doctor pudo dar algunos indicios de un posible veredicto terminal. Se acomodó los anteojos y me comenzó a observar por la parte superior del marco, mientras yo terminaba de acomodarme en una silla frente a él, en su escritorio. Levantó misteriosamente una hoja con demasiadas anotaciones y comenzó a explicarme: mira hijo, me dijo: esa imagen que se te aparece en sueños y que siempre recuerdas como la creación de tu madre sospecho que es puritana e inteligente, buena para la cocina y muy decente, tan irreal que existiría sólo en tu mente, pero tú, terco, insistes en compararla con ella.

Te digo más, me dijo, mientras yo trataba de hilar explicaciones y sentimientos encontrados…si usa la falda muy corta tendrás problemas, pues la chica en tu cabeza es de otro esquema, y ni qué decir si es que se le ocurre alguna idea, se siente como la mierda… Ayúdeme doctor!, fue lo único que le dije, en la última sesión del jueves último. No encentro una explicación coherente desde la última vez que escuché a mi doctor, pero nunca tuve tantas dudas que no me cohibí en preguntarle en aquellos pocos minutos que me quedaban de la sesión aquel jueves por la tarde. Y dígame doctor –le dije- ha tenido casos similares, o soy el único orate al que le sucede esto?... y el doctor muy sabiamente me contestó: hijo no hay quien se salve de este asunto...

miércoles, febrero 28, 2007

Hoy vestías de negro.

Hoy vestías de negro, no por algún motivo existencial ni en especial, sino por el simple hecho de querer mostrar tu sublime belleza en un polito negro sin mangas...

Llevabas recogido el cabello con una cola austera, que más parecía un moño que al instante acomodaste...

No pude contemplarte defrente, pues sólo pude ver tus espalda, lo que me decía que sentías miradas indiscretas en tus coloquiales pecas, que se encontraban enclavadas perfectamente de una manera simétrica, sutil y encantadora en aquella piel terza y lozana...

Hoy, ya no vestías como antes y traté de ecnontrarte de violeta, nunca pensé que estuviéras tan coqueta, como siempre y sin arreglasrte...

Hoy, me despido sin decírtelo y encuentro ironía en lo que pienso y escribo, una tierna sonrisa en mi rostro se dibuja como presagiando lo que vendrá...

Hoy, no hago mas que recomponer mis fuerzas y seguir mi instinto...

Hoy me encuentro a la altura de cada composición indecente que anda pintando de azul, aquellos plateados caminos rosas...

Hoy me encuentro en el silencio de cada instante de mi soledad...

martes, febrero 27, 2007

Porque la soledad no es estar solo...

Cómo olvidar aquella faena de miradas furtivas, indecentes e inocentes que te buscaban entre tanta gente y te encontraban a tí dentro de la multitud...

Cómo olvidar tus labios, cómo olvdar tu pelo...ese aroma...

Cómo olvidar tantos recuerdos, pero entre tantos, cómo olvidar esa noche juntos.. cómo olvidar tu osadía, tu inocencia, tu algarabía y tus sollozos nocturnos, cómo olvidar tu mirada, cómo olvidar tus silencios, tus susurros, tu espasmo...cómo olvidarme de tí, si nisiquiera puedo encontrarte... ni siquiera aun en el olor que me dejaste impregnado que hasta ahora me dura y mientras pueda trataré de acudir a él en mi soledad.

viernes, febrero 16, 2007

Ellas se mantienen en el centro, yo sólo en la periferia.

Las horas que pasan son el termómetro que marcan la dosis justa de agonía…
Las horas que pasan no son conscientes de mi letargo, sino que pasan y son indiferentes, son frías…sólo pasan…

Las horas que pasan se quedan estáticas en el ambiente, como esperando que reaccione frente a ellas…
Las horas que pasan son tan inútiles, como las horas que no la paso contigo…

Las horas que pasan no son sólo horas que pasan sino que con ellas se va lo presente en transición al pasado…

Las horas que pasan, se pasan tan rápidas a tu lado…
Y cuando ya no me queda más nada que el tener que dejar hacerlas pasar, sólo me queda recurrir a ese reloj que me indica cruelmente las horas, como mofándose de mi letanía, como burlándose de mi sentido sinsentido…

Tendré que acostumbrarme a recurrir a esa hora cada vez que quiera saber cuanto tiempo perdí cuando estábamos juntos.

jueves, febrero 15, 2007

oye! despierta! son las 5:00am!... pegado en el amanecer

¿Quién sabe algo del mañana? Pedir seguridad en el mañana es vivir con miedo constante.

¿Haz visto alguna vez un pájaro al que puedas llamar estúpido? ¿Haz visto alguna vez un animal al que puedas llamar idiota?

NO!... esas cosas sólo le pasan al hombre. Algo anda mal. La inteligencia del hombre ha sido dañada, corrompida, mutilada.

lunes, febrero 12, 2007

la soledad ...[continuación]

La soledad..se ha convertido en una canción que suena incansablemente en mi computador...
La soledad, me avisa, hoy, cuántos son los minutos que pasan sin poder estar a tu lado,
La soledad, me dice que el viento que recorre todo mi cuerpo en las tardes de sol puede ir recorriendo el tuyo por las noches de frío...
La soledad, aún me espera bajo el vano de la puerta por la que pasaste..
La soledad me avisora un futuro incierto, La soledad, es el amor que se nos muere, ahora sí, por seguir escuchándolo en una canción sin ningún motivo..
La soledad, me hace cosquillas y me río ahora con ella
La soledad platica conmigo, del amor, de los juegos, las palabras y de ella...
La soledad acompasa mis pasos cabizbajos para sentirme un poquito más vivo..
La soledad es una luna llena que espera en zozobra tu regreso..
La soledad es una foto, que aguarda en el tocador intacta..
La soledad es una confusión de imágenes en mi mente..
La soledad no puede ser vista, ella solo se siente...
La soledad me hace compañía, pero esa compañía me hace sentirme un poco más solo..
La soledad no es la que escribo, es la que siento..
A la soledad no la entiendes, sólo la escuchas... Yo la escucho, en el canto de un ave y la sutil pose de niña que ensayas cuando me ves...
La soledad es escucharte sin haberte escuchado nunca..
La soledad es quererte y sólo mirarte a lo lejos..
La soledad es querer tomarle una foto a la belleza, a tu belleza, a esos claros ojos café que se dibujan en la silueta de aquellas efímeras tardes en que te veo...
La soledad se ha convertido en un afán..
La soledad no espera que tengamos tiempo
La soledad arranca de mi, la parte que tomaste prestada.. La soledad esta creando una nueva música y nuevos episodios mentales..

Mi soledad no se parece en lo absoluto a la soledad, sino que es un poco más real, algo más auténtico y más vivo..

Pero así entre mi soledad y los días que pasan, sigo pensando en aquella violeta pasantía que colorea el ambiente por donde pasas, de aquella mirada inocua y vaga que despides a tu paso, de aquel andar tranquilo y acompasado por el tropel de belleza que desbordas, por ese cuerpo y ese aroma. Porque si fuera mezquino no podría hacerle frente a tan magna belleza y a tan gran inpiración que me produce verte aun cuando no te veo. Aunque sea una vez por semana.

domingo, febrero 04, 2007

tanto soñarte y extrañarte sin tenerte...tanto inventarte...tanto buscarte por las calles como un loco sin encontrarte...

Te quiero y lo digo sin nigún afán de que lo creas, te quiero y lo digo sin querer impresionarte
Te quiero y lo dgo sin tenerte que agasapar con la mirada, lo digo porque pasas frente a mí... lo siento...

Te quiero, y lo digo para que no lo sepan todos, porque así es un poco más ideal,
Te quiero, y lo digo no porque me lo digan...

Te quiero y no hago otra cosa más que quererte,
Te quiero y no busco hacer un poema...
Te quiero, es lo que siento y lo digo,
Te quiero, porque para quererte un poco más basta extrañarte un día...

Te quiero y no presumo de poeta,
Te quiero y qusiera que me quieras así,
Te quiero por mil días y si es posible uno más, te seguiré queriendo igual...o quizá, un poco más...

Te quiero no porque lo digo tanto,
Te quiero porque no oculto lo que siento y menos si lo siento por tí,
Te quiero y no lo saqué de un poema, no lo saqué de un casete...

Te quiero porque simplemente te quiero, y no quisiera que este te quiero se gaste,

Te quiero, pero no te quiero más por el hecho de repetirtelo mil veces, porque al final de cuentas asi te lo diga mil veces no te transmitiría lo que yo realmente siento,
Te quiero, no porque no tenga otra cosa que hacer, sino que tengo tantas cosas, que pareciera que no tengo nada y que solo te tuviera a tí...
Te quiero, no por lo que haces, ni siquiera por lo que dices,
Te quiero porque te quiero y no hay otra cosa que ahora pueda hacer por tí,
Te quiero porque así es la naturaleza de un ser humano que no se cansa de decir lo que siente, sin el prejuicio social de no tener porqué mostrar sus sentimientos,
Te quiero, porque me quito de esos prejuicios, los boté a la basura y no me cansaría de decirtelo,

Pero el hecho de decírtelo tanto no va a cambiar la situación de que te quiera un poco más, y es que llego a la conclusión de que es imposible expresar lo que siento en un tequiero, es imposible e intransmisible, es una ecuación sin respuesta, es una canción inconclusa, no se puede.

Te quiero y te lo digo pero eso no me hace quererte más y si no te lo diría no me haría quererte... menos...

miércoles, enero 31, 2007

La ley de la vida, está predestinada para que todo acabe...El tiempo es un línea horizontal, lo que empieza algún día, algún día tendrá que acabar.

estábamos ahí sentados, los dos, frente a frente, queríamos darle algún sentido a estar mirándonos mientras yo me causaba un gran impacto mimándote....

estaba por esbozar una sonrisa y no supe pedirte permiso para irrumpir en tu alegría de saber querer hacer las cosas bien..

terminaba de exhalar una buena porción de aire y me apuraba por atarme los zapatos, pero cuando levanté la mirada me di cuenta que ya no estabas...

me di cuenta que todo había sido producto de un orquestado sueño, que todas las flores y el campo había sido parte de ese cuento imaginario, que todos los caballos y las personas fueron una farsa, que el cielo totalmente azul en degradé se había tornado en un gris nostálgico, y como yo no suponía el descenlace, supe que se trataba de aquel momento tan duro, y no quisiera que nunca pase, pero que ironía, que absurdo, que iluso, tendrá que pasar: es la ley de la vida...

lunes, enero 29, 2007

soñando despierto...

Muchas veces me pasa a menudo: hago lo que no quiero, y no hago lo que quisiera hacer... a veces, también, digo cosas que no quisiera decir y callo otras con las que rompería al unísono el intenso silencio que acallan a estos labios. A veces, por las noches, suelo convocar a la tertulia a tu imágen que se colorea en el halo que dejaste en aquella efímera pasantía por este lugar. Imágen, claro, que conlleva algunas dudas, y que si no fuera por esta mente no se podría explicar. Mas en ello reside el problema, en que trato de encontrarle o quizás buscarle alguna explicación. No quisiera más nada, ni siquiera intentarlo, trataría de probarlo aunque sea por un minuto y sin prisa. Trataría de augurar, en parangón a los mejores oráculos, las extremancias del caso, como el de la noche aquella en que sentados en la orilla, trataste de limpiar la arena que, decías, cubría celosa el corazón. Estropeaste mis sentidos y le causaste algún estrago a este corazón inerte, que tenía algo de apurado y de soñador... y habiéndole ocasionado más de un perjuicio a mi espalda pudiste ser testigo de aquel ideal impulso de abrazarte frente al mar, frente a las miradas que inyectaban en nosotros melancolía, y que hacían que todo parezca ser parte de un orquestado y circunstancial sueño...mientras yo me perdía en la bruma de la noche, con el mar haciendo piruetas frente a tí, y pudimos tocar la luna con las manos mientras nos acomodábamos en la preferencial para verla más de cerca y de frente. La oscura agonía de la noche y la velocidad con la que esta pasaba no me permitía llegar a ser consciente del momento.

domingo, enero 28, 2007

Una tarde miraflorina me acogía, con el sol durmiente a cuestas y bajo un cielo totalmente despejado.

Libre...because i want to feel TALL

LIBRE because IM not ASHAMED of ANYTHING...

libre TO tell YOU EVERYTHING in front of ANYONE

LIBRE because i Want to TELL whenever i want

libre if i want to say enought...













libre para escribir lo que escribo. pero luego de una batalla mental muy dura lo logré, pero que quede claro, y no es por evadir ni por dejar de asumir mi responsabilidad, esto no lo escribí yo. Alguien me lo podría hacer recordar?

Hoy día

Hoy me encuentro solo, no es lo raro, sino que, a la vez, me embarga un sentimiento, dos interrogantes, 5 dudas, 1 culpa y 6 besos.

Hoy mientras cumplía mi función de soñador empedernido, y trataba a regañadientes de levantarme de mi cama, me sorprendí haciendo cuentas, queriéndole sacar la raíz cuadrada a esta solución de conflicto, a esta ecuación sin respuesta, a este logaritmo infinito del amor en curso.

Por eso es que hoy me encuentro divagando en pensamientos, en recuerdos, con esta mente que no termina nunca de hacerlo, que no se inhibe de poder lograr el objetivo de algún día poder ser realmente libre.

Me enamré de un carro y lo traté de manejar con cuidado para no chocarlo, me enamoré de una guitarra, de unos fierros, de alguna ropa. Me enamoré de unas revistas y hasta de mi cepillo de dientes. Todos tenían algo en común: era tan fácil manipularlos.

Al fin me pude deshacer del carro, la guitarra la boté y otra se rompió; los fierros permanecen en su sitio, me olvidé de ellos; la ropa paso de moda. Las revistas ya no me hacen feliz y hasta mi cepillo de dientes me tiene sin cuidado, y algo más, a todo esto, nada me trae algún recuerdo ni mucho menos ningún sentimiento de culpa.

Hoy solo.


Trato de encontrarte a tí.

domingo, enero 14, 2007

Coleccionando miradas y sonrisas... [06 julio 2006] 04:13 pm

Me encuentro coleccionando tus miradas tan discretas, tus sonrisas tan inocuas, que no quisiera hacer más que pensar en tí...Nada más hermoso que mirarte y contemplar tu sonrisa que pareciera ir en pos de algún premio nobel en el cielo...

Tan pronto como pueda quisiera volverte a ver, aunque sea sólo por aquellos minutos que se nos escapan, que nos dejan con la sensación de quererte ver más, entre los minutos , los latidos me marcan un ritmo algo más acelerado del que tengo normalmente...

Una de las cosas que soy consciente es que las palabras se las lleva el viento y es por ello que las escribo y no se las cuento a nadie ya que probablemente sean filtradas no como yo las quisiera decir . De modo que no hay manera que te saque de mi mente, ni que seas la más mimada...

Recuerdo aquella tarde de julio en que te conocí, me dijeron.....si, precisamente eso, y no le dí mucha importancia...no es por arrogancia no por poca importancia, sino que aún más importante era tenerte frente a mí...

Recuerdo que intimidaste a mis sentidos, y que no dudé en responderte sin dejarte de mirar a los ojos fijamente para dejarte grabada en mi retina, en mi memoria, aún en el olvido de mi historia, y hoy, en un papel.

Qué será...[16-07-06] 19:20pm (Efemérides)

Con la misma vehemencia con que los años pasan, hoy me pongo a pensar que sería de nosotros sin los años y qué sería de los años sin nosotros, y qué sería el mundo sin ambos.

Con la misma inquietud, tal vez, como la de un niño inocuo al llegar a este mundo, me pregunto: qué será de aquellas cosas que creemos nuestras, pero que al momento que partamos de este mundo, simplemente dejarán de serlo,

Qué será de nosotros,
Qué será de nuestros logros,
Qué seran de aquellos aplausos que compramos a plazos y que aún no logramos pagar...
Qué serán de los halagos que los tuve que que hipotecar para poder pagar mi renta...
Qué será de las palabras que se las lleva el viento...y si el viento tuviera memoria..cuántos perjuicios nos causaría, porque, en fin, no somos perfectos, pero a la vez cuántos gratos momentos nos haría recordar...

Hoy, con la misma alegría y esperanza, con los mismos sueños y mucha más algarabía, con el mismo ímpetu y vehemencia de la propia juventud...

Hoy, con la misma tristeza y lágrimas en los ojos, con arrepentimientos y desesperanza y un sin fin de fracasos en el camino que aún es corto pero que se me hizo mucho más largo...que aún no acaba pero que en días como hoy me hacen creer que ya todo acabó...

Porque si la vida todo es sueño y los sueños, sueños son, puedo decir que aún no he soñado lo suficiente...

Quisiera encontrar a alguien que no tenga respuestas para mis preguntas...

Para poder hablar y nunca terminar de hacerlo y podernos pasar toda la vida hablando. Pero en el momento que tengas la respuesta... se acabó la conversación, ya no hay tema...La respuesta fue respondida...

sábado, enero 13, 2007

Una equivocación?..que bueno es equivocarse!

Y por qué llorarle a la agonía de este día, porque resbalar en la melancolía de tu mirada, por qué hacerlo?... Aquella mujer que con sus pasos adormitados suele recorrer la acera por única vez, pasando ante la erizada mirada de quien cree ver a alguien que con el peso de la vida sobre sus hombros, una mochila con algunos kilos de dudas, un compartimiento de tristezas, y ni una cuenta por pagar, anda dando lástima por las calles. Fueron, quizás, diez trágicos minutos, en que la ilusión de saber en donde había estado parado me había ocasionado el sentirme un poco más seguro, pero bastó que recorriera algo así como unas diez cuadras para encontrame con la otra cara esperanzadora de la vida, de esta vida que cuando menos buscas, y cuando menos te preocupas por los resultados, encuentras y disfrutas mucho más. Cuanto menos pensaba, los pasos se hacían cada vez más lentos y mi respiración no se agitaba, cuanto menos pensaba el tramo se hacía como nada y la gente, un chiste. Cuanto menos pensaba, mi gesto se convertía en una mueca, y las paredes en bellos jardines, cuanto menos pensaba, todo estaba todavía tan claro. Mis pasos agigantados, por momentos; y por otros, pausados, hacían demostraciones de mi vulnerabilidad en mi recorrido... sí...mi vulnerabilidad. El destino hubiera podido impregnarne cualquier eventualidad, y yo la hubiera aceptado e ido tras ella, y yo le hubiese gastado una broma, algún cuento.

En los pasos que yo daba, había algo de querer llegar y de no querer hacerlo, como quien escribe un poema, como quien le hace guiños a la muerte, sin saber que pasará...luego preferiré sentarme en algun sitio, quizás luego en una banquita, caminar ante la mirada expectante de quienes creen, voy hacia algún lugar...

viernes, enero 12, 2007

Luego del cansancio que produce la vida misma en el día, nada es nuevo debajo del sol.

Soy feliz con tu mirada, no me afecta tu regreso, me hago inmune a tu apatía, queriendo jalarle la camisa a esa pobre infeliz llamada: verguenza. Un golpe en el cachete es como soplarle al viento, el viento se hace cada vez más fuerte, aún así te quieras despegar de él, no puedes. Me voy volviendo más viento, me voy haciendo un poco más contradictorio, un poco más libre, alguien más inusual. Siempre no es lo mismo, ni lo mismo es siempre, porque siempre es totalmente distinto a decir nunca, porque nunca significa que siempre te resistirás, a pesar de que ello te ocasione un gran conflicto mental, y comiences a hablar sólo, peleándote contigo mismo, a pesar de que ello signifique caminar por calle solitarias y reírte sin razón.

Lo primero que hago para verme feliz es mirarme en el espejo, eso es feliz, porque feliz no es un concepto, feliz no es estar vivo, feliz no es caminar, saltar, reir, en lo absoluto. Feliz lleva adherido algo que es muy contradictorio, y que no se expresa en una sonrisa. Trataré de no estar alegre, trataré de no beneficiarme con tu mirada, con tu sonrisa, intentaré estar un poco más triste para no moverme en emociones, porque las emociones son volátiles y no duran, porque las emociones son justamente eso, unas veces sí, otras no....no son constantes. Quisiera no encontrarle algún sentido, quisiera no entender la lógica, quisiera no tener razón, no me interesa tener razón, sólo trato de no encontrar más razones de seguir estando a tu lado.

miércoles, enero 10, 2007

Las palabras son las que menos importan.

Lamento, no haberles comentado, ultimamente estoy soñando pero sueño absurdo, sueño pésimo, hay entremetido en ellos una sinrazón incuestionable pero malbaratada por la agonía de hacerle esperar a este inerme corazón compartido. Luis, pero acaso esa palabra no te hace recordar algo?...porsupuesto que sí, aquel poema que a la desdicha le escribí sin saber que pasaría aquellos días sin decirlo. Puedes creer que no sé a donde fue a parar ese escrito?... quizá algun envase plastico de alguna marca no tan reconocida lo tenga de inquilino en algún lugar del planeta... de este, al igual que escribiera en ese poema, del inerme planeta, que se cae a pedazos y que sigue rodando solo porque se resbaló... Preferiría hablar de cosas que tienen mucha importancia para mí, pero me he dado cuenta que mientras más hablo de esas cosas, me olvido de otras que son tan igual o aún más importantes que las que yo considero importantes. He llegado a tener la sospecha de que las disculpas muchas veces suelen tener una excusa enmascarada y que mejor es hablar sencillo para no meterse en problemas...

No sé porqué, en esta noche de desvelo quisiera recapitular el pasado..recapitularlo...pero que absurdo!...Hablemos, entonces, de aquel poema a la deriva, aquel poema que se perdió entre la bruma de lo desconocido y lo confuso... que no existió más nunca, que no se apiadó... pero que nisiquiera tuvo pelos en la lengua para decirlo tal como lo sentía...no hubieron arreglos, sólo hubieron propósitos de arreglo, pero cuando uno escribe con el poema en manos uno no escribe por el qué dirán, eso no interesa...lo único que interesa es sólo si esas líneas fueron parte de algún idilio romántico o todo parte de alguna ilusa ilusión, que valga la redundancia porsupuesto, por qué no. Luego de escribirlo.... luego de escribirlo no pasó nada, una mirada tímida, pasos temblorosos...contemplaba... una risa...a carcajadas?...No, sólo una risa...y qué pasó después?... vinieron amenazas...de qué?... de hacerlo público, de qué más... Nunca lo hizo?...parece que no se atrevió...por qué...quizás una ilusión, alguna algarabía invadió de sed...de qué puede invadir de sed..depende...la mente...claro que si, la mente tiene sed, invadirla no es delito, invadirla de sed, mejor invádela de risas, de juguetonería, de carcajadas, alguna sonrisa tímida, algún sonrojamiento inesperado, sólo por entregarle aquel poema, sólo por decidir ser fuerte en el instante, sólo por querer tapar algo que simplemente sentías...