jueves, octubre 30, 2008

Breve calma, tensa espera

Vuelve la calma. Tras la tregua dada por los pobladores de Sicuani y Moquegua, más de 80 heridos es el saldo que ha dejado la escalada violentista que azota el país.

La población moqueguana que pugna por una repartición más justa del canon minero para su región, ha suspendido los bloqueos y aguarda en una tensa espera la votación de la ley en el Congreso. Sin embargo, anunciaron que continuarán con el paro, pero sin el bloqueo de carreteras.

Por otro lado, en Sicuani (Cusco), se optó por acercarse al diálogo con el ejecutivo al firmarse un acta en la víspera, en donde, entre otros puntos, se señala que el primer ministro Yehude Simon se compromete a viajar el 4 de noviembre para sostener conversaciones de forma más directa y poder ayudar a la solución de los problemas de la población, y así colaborar con la presencia del Estado en las zonas más deprimidas del país.

Asimismo, en Cajabamba (Cajamarca), a pesar de que la mayoría de la población había decidido detener la huelga, los dirigentes de Patria Roja y del Sutep frustaron darle una tregua al gobierno, y hasta el momento, mantienen secuestradas 14 personas.

viernes, setiembre 12, 2008

Eres


Eres como aquella dulce música...

que en una tarde de otoño robó mi atención...

mientras esperaba en el rincón oscuro...

la unión de nuestros labios.


Eres esa imagen clara,

que me enseña con dulces palabras el sentido del amor,

sólo deseo encontrar tus ojos,

que es como ver en el cielo las estrellas doradas.


Eres el grito total entre el negro y el blanco...

ese algo que en las noches me canta,

y me hace descansar entre sus suaves brazos...

que al despertar me deja un fuerte abrazo,

de un abrazo del alma y un beso del corazón.


Eres el motivo por el que en las flores nace aquel olor a paz,

ellas al igual que yo aman tu dulce mirada y tus tiernos ojos de miel...

ellas saben que sin tí, mi vida no tiene motivo...

y es por eso que alejarme de tí, no logro.


PPAA

13-06-2000

sábado, agosto 30, 2008

Pasando el Abra Chonta (5000 msnm) - Rumbo a Rumichaca (Huancavelica)

Los recuerdos a la memoria,

y la música al compás...

las montañas hablaran cuando se despierten,

y me encuentren tiritando de frío,

inmune al dolor que me produce los labios cuarteados...

Los recuerdos son como balas,

y la satisfacción es la calefacción que entibia mi corazón,

para que no muera más de frío...

Los recuerdos son solo recuerdos,

y hoy de ellos no queda nada, salvo ellos mismos,

las montañas acompasarán mis pasos,

y terminarán de despertar ante un majestuoso paisaje...

No me digas cuántas montañas más,

No me digas cuántas curvas y caminos,

No me digas cuantas abras y lagunas,

No me digas los días, el tiempo,

porque entonces sabré que estaré pronto al llegar...

No me digas los kilómetros,

sólo quédate a mi lado,

para disfrutar un poquito más este momento,

para que no se me borren tan así de fácil de esta mente frágil, fragilísima...

para que así no sólo podamos vivir de los recuerdos,

sino que también podamos aprender de ellos.

miércoles, febrero 13, 2008

Cuando la mejor medicina es reirse de uno mismo.

Cuando ella me dejó por algún otro un 14 de febrero de sabe Dios que año, que ya ni me acuerdo, más por salud mental que por otra cosa, quizá fue porque mientras yo soñaba con ella, yo ni siquiera le interesaba. Suele suceder y no creo ser tampoco el único ni un paria por haberlo pasado, pero -y siempre algún pero subyace- la mayoría de las veces siento un cierto sinsabor a la hora de hablar de eso a lo que llaman sentirse solo y me siento presa de un sentimiento infortunado que no deja en mí más que preguntas sin respuestas, recuerdos difuminados, oscuros y fondos totalmente fuera de foco y ni siquiera -al menos como premio consuelo- el primer plano nítido. Todo por haber sido precisamente un 14 de febrero uno de los días más solos de mi vida en estos veinte abriles que nunca volverán, como diría la canción.

Y aunque, es cierto, que un 14 de febrero no debería determinar una seria actitud mía ante la vida, posiblemente deba de tener algo de influencia en este patético estado de ánimo que traigo a cuestas casi siempre que algo hace que recuerde exactamente eso. Y es que, aunque no todo me haga recordar exactamente eso y no tenga en realidad un patético estado de ánimo tan así como lo cuento, de alguna manera, hay un cierto anacronismo en mis emociones y pensamientos, y un "no sé" sin saber a donde ir en mi mirada.

¿Cómo extirpar de una vez por todas aquel nefasto 14 de febrero? ¡¿Cómo extirpar de un trancazo todo ese dolor de holocausto?! Cómo hacer ahora para olvidar su vocecita tan dulce, junto a esa inexplicable ausencia algún día tan inoportuno. Cómo entenderlo -se podrán preguntar ustedes, no yo- porque me imagino que extraño el amor de ella, y mi amor por ella también.

Hay siempre un sabor a derrota y a decepción -y es que no puedo llamarlo de otra manera- mas lo único que en realidad quisiera recordar son aquellos lindos primigenios recuerdos de ensueño. Y es que, a pesar de no poder reclamarle nada en absoluto, sólo yo -y únicamente yo- podré comprender que la amo a pesar de un 14 de febrero roto.

domingo, enero 13, 2008

Cuando uno se queda en el sol

Cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa, lo único que se me ocurre hacer es escribir de cualquier cosa para llenar este vacío que me produce su ausencia, llenar de fotos el hastiado lente roto de mi Nikon FM-10 y tomarle fotos a un atardecer que no reclama ni me cobra.

Tomarle fotos a la nada es el mejor pretexto de un solitario, qué gimnasio ni estupidez y media...lo que sirve acá es el reposo y los tragos que en cualquier bar puedas probar para pasar el mal rato de haberte quedado solo por carecer de maldad.

Las medias tintas nunca fueron de mi agrado y los eclipses sólo recorrieron menguando los acantilados de barranco con atardeceres nublados y un pisco sour con vista al mar si es que no es mucho pedir por favor y sírvase pasar a este RUC la cuenta, que tengo permiso hasta las 12 de hoy para gastar lo que se me antoje, he dicho.

Nunca supe pedirte cuanto ni mucho menos pedirme a mí un poco de tiempo. Siempre lo hice pensando en que sería lo mejor para los dos y mira vos que ahora te amo tanto que despegar tu recuerdo de la avenida me hace tan difícil la estadía pasadas las 10 en la calle.

Quiero probarte para estar seguro de que no es un sueño y en mi cama de anoche esperarte a soñar. Junto y a tu lado sentirme tan solitario como cuando voy a algún bar, alguna noche, o me quedo tan solo en este apagón de luces, con esta figura de embarazada, con estas fotos que ni hablan aunque sea para consolarme.

Depende de ti si esta vez la noche no viene con peros y me dejas revisar el espejo de tu cuarto para ver si hay algún truco en eso de lo linda que eres. Y te digo que si me dejaras todo un día tratando de decir lo que yo siento, temo decepcionarte, no lo lograría. Y es que en una hoja tan fría, en una pagina tan frágil, como la que escribo, es imposible poner tantos besos, tantas caricias, tantos te quieros…

sábado, enero 05, 2008

Le pediré a la luna un consejo

No sé qué le puede molestar tanto a una mujer tan linda como ella para que hoy, como nunca, se despidiera de mí tan fría, sin ningún beso aparte, sin ninguna cálida caricia de adiós. Se despidió despojándose, cogiendo con las dos manos un plato y acercándose a darme un beso tan frío como sus manos en invierno. Se acercó y de un portazo puso punto final a uno de esos días en que trata ella de estar siempre con los mejores ánimos al tope por estos días de un clima raro en verano.

Se despidió como se despide el portero del inquilino, como se despiden los mozos de los comensales, las anfitrionas de los asistentes. Y tan obvio fue su disgusto que la puerta no se abrió de par en par hasta que el ascensor se abriera, sino que el retumbar del portazo me indicó de lo que nunca quise darme cuenta. No hubo miradas en el espacio que separa su puerta del ascensor ni tampoco amorosos besos volados. No hubo su pelo negro alborotado despidiéndose de mí como extrañándome, no fueron sus ojitos los que me miraron para saber si la iba a extrañar también, no fue su sonrisa la última imagen de la que me percaté, como siempre, para poder soñar con ella.

Y no sólo no mencionó ni por error el nombre con el que ella cariñosamente siempre me llama (milkiway), sino que también cambió de 6 a 8 la hora en que debemos vernos mañana –¿hoy día?-. ¿Por qué? Ni me lo pregunten, porque yo estoy tan igual o aún más perdido que ustedes.

Salvo por lo de su abismo siempre me ha importado un repepino Descartes y su cartesianísimo “Pienso, luego existo”. Modestamente, a esa frase opongo otra que ha dominado toda mi humilde existencia: “Siento, luego existo”. Sin embargo, en esta noche de insomnio que proso pareciera que le doy más vueltas analíticas que nada a estas cositas del amor, de su humor y del enamoramiento, es decir que en este momento, Pienso y luego existo. Y aún sigo sin entenderme.

Hoy, no hubo silbido desde el balcón, no hubo un te amo que me despidiese de lejos en la calle, no tuve que voltear a despedir a nadie porque a pesar de que ella siempre estaba ahí, hoy nunca estuvo. Brilló por su ausencia su presencia y mi soledad mentiría si dijese que se fue a gusto sin ver ni siquiera su sombra.

No hubo más protocolo que mi mirada buscándola en lo más alto de un segundo piso, no hubo noche más fría, no hubo calles tan solas –nunca- como las hubo hoy. Porque a pesar de que la tuve todo el día a mí lado no logro entender de quien fue el error (mío o de ella). Y si de errores se tratan, por mi parte –y de antemano decreto- fueron exclusivamente culposos (sin ninguna intención salvo por necedad, desidia o negligencia, mas no con intención, alevosía ni maldad).

Para colmo de males, me entero hace un rato que Fumador: Sí; Alcohol: En compañía; Edad:21 y Estado: Soltera…

No sé, entonces, después de todo lo que les he explicado líneas arriba, por qué esta noche es tan triste sin ella, sin su recuerdo, porque su último recuerdo fue la nada esperándome a que saliera, nadie mirándome desde el balcón, el mostrador de la penumbra en el tocador de su sonrisa, sus labios con prisa y sus ganas después. Porque el último recuerdo fue su inexplicable ausencia, su mirada a ningún lado, su cuerpo sin necesidad de amar, sus besos con los ojitos abiertos –aunque no de par en par-.