Los recuerdos a la memoria,
y la música al compás...
las montañas hablaran cuando se despierten,
y me encuentren tiritando de frío,
inmune al dolor que me produce los labios cuarteados...
Los recuerdos son como balas,
y la satisfacción es la calefacción que entibia mi corazón,
para que no muera más de frío...
Los recuerdos son solo recuerdos,
y hoy de ellos no queda nada, salvo ellos mismos,
las montañas acompasarán mis pasos,
y terminarán de despertar ante un majestuoso paisaje...
No me digas cuántas montañas más,
No me digas cuántas curvas y caminos,
No me digas cuantas abras y lagunas,
No me digas los días, el tiempo,
porque entonces sabré que estaré pronto al llegar...
No me digas los kilómetros,
sólo quédate a mi lado,
para disfrutar un poquito más este momento,
para que no se me borren tan así de fácil de esta mente frágil, fragilísima...
para que así no sólo podamos vivir de los recuerdos,
sino que también podamos aprender de ellos.
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