sábado, noviembre 25, 2006

09-09-06

No soy el mismo de antes, luego de haberte visto chapuceando algunos gestos, mirando como advirtiendo tu presencia que destellaba ante mis ojos. Dos luces que alumbraban frente a un sol oculto, de incógnito, que por esas extrañas coincidencias, no se hizo presente. Qué maravilloso es para el poeta que no haya salido el sol, porque bastó tu sola presencia, tu sólo cobijo, sin pronunciar, siquiera, palabra: tu sola mirada irradiaba advertencia y melancolía a este humilde espectador. Cuan cómodo es estar mirándote desde lejos, por más que me cueste observarte, siento las miradas de todos puestas en mí, y la mía advirtiendo tu sola presencia. No es cruel, al insensato pedirle que refriegue en tu memoria aquellos primeros minutos que por la extraña química del destino supieron augurar mis ojos, reflejos en los tuyos. Cual agua artificial, y superflua existe en esta mente adolorida algunos destellos fotográficos de tu efímera presentación. Es propicio ahora que el sol se oculte, porque el poeta acongojado ha llegado a su destino, dejando pasar, probablemente, su última oportunidad. Prefiero mirarte a lo lejos, pensarte a distancia y escribirte desde aquí. De repente porque no tengo el valor para acercarme o quizá, como ya han pasado diecinueve abriles en mi vida, quien sabe, te tenga que olvidar. La niña con cabellos claros, y ojos de frondosa belleza exalta cualidades que hasta el más observador deja pasar por alto. Que deje de escribir me dice el corazón, pues no tengo palabras y el pesar es hondo. Adiós mujer de sueños, de seductora mirada, para un hombre que sólo busca poderte besar dentro de un cuento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ey! me atrapaste, me transportaste... juro que lo viví! Lo máximo niño... SIgue así y éxito en todo .. un beso. - Kchetes