Cuando a uno no le queda de otra que aceptar su realidad, se da cuenta que es más feliz aceptándola que intentándola cambiar. Es mi realidad, quiera o no, me guste o no y es mejor responsabilizarme por ella, si no de lo contrario estaré destinado a emprender un proceso de búsqueda de realidades alternativas, que no sólo me destruirán –por ser aquello un sentimiento autodestructivo-, sino que a la vez me harán infeliz.
Y escribo esto, porque tengo que admitir que de aca a un tiempo, mi soledad, esa a la que yo tanto amaba, y con la que tantos momentos pasé acompañado, comenzó a disgustarme al punto de rehuirla. No podía soporarla, me repelía de tal manera que buscaba la forma de evadir tremendo peso de encima. Que infiel que había sido con mi soledad. Y yo que tanto disfrutaba con ella, y yo que jugueteaba haciéndole cosquillas, y de vez en cuando mimándola. Conversaba con ella, escribía y hasta filosofaba.
Tengo que admitir repito, que hace algún tiempo mi soledad dejó de ser mi predilecta, y la melacnolía con la que ella siempre llegaba se esfumó de repente.
Es por ello, que he tratado de arreglar mi situación con ella, traé de convencerla que regresara, me dijo que lo pensaría. No sé que hacer ya para esperar su regreso y para tenerla nuevamente en mis brazos. No sé que hacer aun después de todo lo que he hecho. Y es que en la soledad siempre han salido mis mejores escritos, es ahí donde me confronto cara a cara con mis verdades. Y trato de introspecionarme a fin de conocerme un poco más, parafraseando a Sócrates. Pero qué pasa si esas verdades y esa confrontación producto de la introspección suele resultar adversa a uno mismo, porque cuando me inspecciono y más me conozco a mí mismo, me entero que no soy tan perfecto como quise creer –y siempre creí-, y que tengo mucho más defectos que virtudes, pero que indudablemente tengo que revertr esos defectos para que mi destino no sea quedarme huérfano de humanidad.
Así es, a veces solemos ver nuestro propio reflejo en las demás personas y mientras más veamos nuestro reflejo en ellos, más nos sentiremos aliviados, nos olvidaremos de nuestros propios defectos y problemas. Mientras la otra persona sea histérica, eso hace que yo olvide que yo también lo soy. Yo estoy bien, tú estas mal. La clásica de los que encuentran todos los defectos habidos y por haber en terceras personas. Aquellos que andan buscando hasta en el más mínimo detalle un defecto. Ellos se encuentran con la alegre realidad de que sus problemas se ocultan y se hacen invisibles ante los de los demás pero eso no soluciona el problema, siguen teniendo los mismos, siguen siendo iguales.
Por eso es que la soledad, es una parte fundamental para revertir esas actitudes. Es un camino, diría yo, para saber qué de bueno nos trae ahora nuestra soledad. Hay que saber apreciarla, de lo contrario llegará quizá un momento en que hubiéramos preferido no olvidarla ni desatenderla, ni dejar de mimarla, aunque sea para que no se vaya de nuestras vida, y podamos contarle todas las cosas que nos faltaron y no nos quedó tiempo para contar, aunque todas las cosas no se digan muchas veces y se dejen en el limbo de las oraciones inconclusas y subliminales para que aquella tercera persona las entienda..
viernes, julio 20, 2007
Por lo general...
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