sábado, enero 10, 2009

Nunca supe cuánto...


Nunca supe cuánto debía perder para quedarme con algo a lo cual tendría que dejar un año, además de un poco más, más tarde. Nunca traté, porque nunca en verdad supe, de averiguar el verdadero significado de eso de que "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", y parece que ni el cuerpo, ni el mal aguantaron, porque parecen haberse resignado luego de arduas faenas de dolorosas fricciones vertebrales, por decir lo menos.

Al cabo de un año, además de un poco más, aunque no mucho, podría decirse que ningún cuerpo aguntó y ningún mal resistió. Porque si hubieran aguantado y resistido de manera tan estoica como valerosa quizá no hubieran tenido una tregua de medio año, y finalmente un acuerdo de paz que más parece el concilio de trento que un acuerdo de paz, pero ahí vamos...

Nunca supe, también, eso de que cortar por lo sano era lo más recomendable y eso de que la pita se rompe por el lado más débil , pero de algo saqué mis propias conclusiones, y esas propias conclusiones concluyeron en que solo mía era la decisión que nunca tomé, porque el enemigo (metafóricamente hablando), llegó con su banderita blanca en son de paz, con las armas hacia abajo, y una cabizbaja expresión facial que hasta ahora me parece fingida...

No hay comentarios.: