viernes, julio 20, 2007

La vida es un dormir profundo, y uno de sus sueños es el amor...

Calderón de la Barca y su famosa obra: La vida es sueño. Será cierto o será otra de las afirmaciones retóricas de todo escritor que busca un papel protagónico en virtud de sus elocuentes trazos. Pensemos, en realidad, cuan bien nos vendría un estado de sueño profundo en este momento, en el que la humanidad pareciera haberse empecinado en luchas, guerras y todo cuanto convierte al hombre en un animal en su mínima expresión. Podríamos empezar diciendo que los sueños aparecen cuando uno se empecina en reprimir algo. Es como una forma de protestar ante tan inhumano acontecimiento: reprimir. Pero no reprimimos cualquier cosa, precisamente reprimimos sentimientos e ilusiones.

Los sueños no siempre utilizan la violencia para que premeditadamente se puedan ufanar de su hazaña, aunque es legítima ante el abuso que comete la mente despiadada en no dejarlos salir a flote. Ruegan por que se les de un espacio y sufren por sólo presentarse en sueños, quizá nunca los conocerán, o quizá se pierdan en el olvido de nuestra frágil memoria. Lo único que somos, puedo decirlo hoy, es ilusión. Una ilusión transformada en ganas, ganas de luchar por un futuro promisorio, por un futuro que nos devuelva las agallas y las esperanzas que perdimos cuando nos enfrentamos por primera vez a esta cruenta realidad llamada mundo o retóricamente hablando: planeta tierra. Solíamos divertirnos con correr luchando por alcanzar la nada y reir sin más motivo que el reflejo de una sonrisa en los rostros de los demás. Todo se fue, pero no fue en vano. Imitábamos por el simple hecho de estar acostumbrándonos a un mundo que nos era hostil y solíamos protegernos mediante la inocencia de aquellos años en los que jugábamos porque no conocíamos otra manera de ver la vida.

Lástima que la inocencia se perdió con los años, pero es inevitable. Son escalones, peldaños que vamos alcanzando y seguimos trotando hacia la meta, ya no luchando por alcanzar la nada, porque vemos que la nada ya no existe. Más bien vemos que los sentimientos autodestructivos nos agobian y esperan de nosotros una rendición fácil y sin mayor complicación. Antes solíamos reir, hoy sólo lo hacemos por compromiso. Antes jugábamos como única forma de ver la vida, hoy lo hacemos para olvidarnos de nuestros problemas. Antes veíamos en los otros a personas confiables, hoy sólo vemos a nadie como amigo aunque todos insitan en llamarlos como tales. Confianza?...aquella palabra pintada de arcoirirs, la que el tiempo erosionó, fue desgastándose lentamente con los años y hasta las heridas, si es que ya no sangran, siguen marcando nuestros cuerpos con cicatrices. Quién diría que son los años, los que no pasan en vano y el tiempo es nuestro peor enemigo. Por fin quisiera ir por el mundo, y recorrerlo por completo; pero si algún día me faltan ganas de hacerlo quiero que estés a mi lado, quiero que recuerdes cada uno de los momentos que pasamos juntos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo soy Segismundo...
o me gustaría serlo
tal vez sólo por el gustísimo gusto (ya sé, redundancia) de decir:

*qué es la vida?
un frenesí,
q es la vida?
una ilusión
q el más grande bien es pequeño
q toda la vida es un sueño
y los sueños
sueños son.
*

no creo q debamos usar a las personas y luego desecharlas...tu analogia de los botes así me pareció,
espero q esté en un error,
es bueno
recordar
mas
no vivir en el pasado.