martes, noviembre 20, 2007

Cuento #01

Espero lo disfruten, y cualquier parecido con el mundo real debe ser pura coincidencia.

Y me bebí tu recuerdo…
Para que jamás…
Vuelva a lastimarme…

-Vuelve a soñar, pareciera susurrar mi conciencia mientras el ocaso se aproxima. Cae la noche.
-Piensa un poco sobre lo que pasa y terminarás metiéndote un tiro por todo lo que recordarás, interrumpe una vocecita suave.
-Nunca es fácil mirar siempre para adelante –me escribe una gran amiga que me insiste en ir a beber alcohol hasta la inconciencia.

Nunca estuve tan próximo a la muerte como lo estuve hoy. Me despierto entre aplausos, gritos. Me han pasado la voz porque llevo más de seis horas recostado sobre la mesa donde yacen únicamente dos cigarrillos Winston rojos –los últimos que me quedan- y una jarra de cerveza llena sólo hasta la mitad.

Termino de refregarme los ojos. La gente ríe y escucha con jolgorio al único cantautor de la noche, Pablo Jiménez, aquel muchacho –soñador y trovero- que complacía, al instante, mi única exigencia de la noche.

Tu sonrisa la imagino, sin miedo
invadido por la ausencia, me devora la impaciencia
me pregunto si algun dia, te vere

Ya se todo de tu viday sin embargo noo
no conozco ni un detalle de ti
El telefono es muy friotus llamadas son muy pocas
yo si quiero conocerte y tu no a mi, porfavor

Ya es tarde, y a pesar de los aplausos y las risas, me doy cuenta de que el abarrotado lugar ha quedado prácticamente vacío.

-¿La cuenta, señor? -me dice un hombre cuya apariencia me resulta familiar
-Todavía no, gracias, le respondo con la misma amabilidad con la que me pregunta
-La chica con la que estaba sentado se acaba de ir, me advirtió insistentemente y algo angustiado
-He venido solo, le dije, y me incliné nuevamente hacia mis brazos que había dejado apoyados sobre la mesa.

El tipo no insistió más. Yo seguí dentro de mi inconciencia tratándole de buscar algún sentido a esa soledad de estar sin nadie, a esa soledad de no encontrar mi agenda de amigos por ninguna parte y de no tener un sol en el bolsillo ni ganas para llamar a esa persona que tanto amo.

Aquella noche traté, al menos, de llevarme bien conmigo mismo. No tenía a nadie, salvo aquel fantasma en mi cabeza, salvo aquella triste sensación de no estar nunca jamás a su lado, el recuerdo triste de una canción y de varios momentos.

Me acomodé los lentes, que llevaba puestos, bruscamente. Antes de ingresar al lugar había sobreparado en una bodeguita donde compré un lapicero, porque no había cargado ni uno cuando salí de casa. La tapa del lapicero topó con el suelo, no hice caso.

Comencé a escribir en servilletas, pero las musas andaban de vacaciones. Aunque escribir pequeños versos sobre aquel papel que se descosía sobre la madera era indiscutiblemente bohemio e inspirador. No tardé mucho en encontrar el hilo conductor que me llevaría de lo nostálgico a lo sarcástico y comencé a envolverme en una atmósfera media rara de suponer un encuentro furtivo con B.

-Discúlpame, no quiero malograr tu amistad con ella, le dije preocupado tras descubrir que era amiga de mi ex.
-No tienes por qué disculparte -me dijo sonriendo
-Olvida todo lo que pasó, el beso, la próxima salida, mis padres…
-No, no lo haré- interrumpió-
-Entre nosotros nunca pasó nada –repliqué exaltado
-Fue lindo- contestó-
-¿Fue lindo qué?
-El beso pues, y comenzó a alejarse despidiéndose lentamente mientras sus amigas la jalaban insistentemente del brazo.

Había regresado del baño y pude notar que el cojín de mi asiento estaba hundido -llevaba ya más de ocho horas en ese lugar- la chela ya se había terminado y los dos Winston rojos seguían intactos. Mi camisa a cuadros era la que más llamaba la atención en todo el bar y mi retraimiento hacía que lo que pensara se propagara como un eco a través de todo el salón.

Sería únicamente porque me había quedado solo.

-Cerramos en 5 minutos-volví a escuchar la voz del mismo señor que me levantó para alcanzarme la cuenta-
-¿Dónde está ella?-pregunté-
-Salió corriendo-replicó mientras su mirada se estremecía de pena al mirarme
-¿Cómo estaba?- pregunté ahora más preocupado
-Parecía haber llorado-me dijo más tranquilo-
-Si regresa algún día, sería tan amable de darle este mensaje- le dije mientras alzaba una servilleta para entregársela en sus manos.

-Perdóname.

Y a pesar del certero tiro en la cien y su rostro totalmente ensangrentado, finalmente ella pudo identificarlo escabulléndose entre los enormes cuerpos de los hombres de la DIRINCRI.

-Perdóname tú a mí –dijo mientras rompía en llanto-