No te escucho muy bien, me siento aislado, frustrado, a punto de tirar la toalla, no quiero morir solo... siempre lo he estado, me gustaría que tu hagas lo posible por venir y por estar a mi lado cuando me vaya. Aquí los cerros aprisionan aún más a este pobre corazón herido, a esta indómita muerte que aparece por momentos y se me cae a pedazos, que me escapa de las manos...
Oigo en el lejano horizonte las luchas que mis hermanos suelen tener por malos entendidos, dejando si es posible su vida y derramando sangre innecesaria... oigo el cantar de aquel pajarillo dorado que me canta a menos de dos metros, que viene cuando quiere, se posa, me mira...y se va...se va cantando...
Puedo, desde aquí, contemplar los valles que encierran un sin fin de misterios, que me envuelve en la melancolía de no saber si llegarás a tiempo antes de mi muerte...
Sólo escúchame, quedémonos en silencio, haz el intento de cerrar tus ojos, yo trataré de cerrar los míos, para que así sea mucho más apacible la agonía... mucho más fructífero el silencio que nos encierra en este campo de hierba mala, de pasto seco y de lágrimas, lágrimas que van a parar a estos ríos... sí....estos mismo ríos, los cuales no sufren al verme, los cuales no se han ido ni se irán....ellos son los únicos que oyen día a día mi quebranto, los que en silencio callan, los que cada vez que río ellos no ríen, pues ellos comprenden, son lo único que me quedan, no pido más, pues sé que serán los únicos que estarán...
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