Y por qué llorarle a la agonía de este día, porque resbalar en la melancolía de tu mirada, por qué hacerlo?... Aquella mujer que con sus pasos adormitados suele recorrer la acera por única vez, pasando ante la erizada mirada de quien cree ver a alguien que con el peso de la vida sobre sus hombros, una mochila con algunos kilos de dudas, un compartimiento de tristezas, y ni una cuenta por pagar, anda dando lástima por las calles. Fueron, quizás, diez trágicos minutos, en que la ilusión de saber en donde había estado parado me había ocasionado el sentirme un poco más seguro, pero bastó que recorriera algo así como unas diez cuadras para encontrame con la otra cara esperanzadora de la vida, de esta vida que cuando menos buscas, y cuando menos te preocupas por los resultados, encuentras y disfrutas mucho más. Cuanto menos pensaba, los pasos se hacían cada vez más lentos y mi respiración no se agitaba, cuanto menos pensaba el tramo se hacía como nada y la gente, un chiste. Cuanto menos pensaba, mi gesto se convertía en una mueca, y las paredes en bellos jardines, cuanto menos pensaba, todo estaba todavía tan claro. Mis pasos agigantados, por momentos; y por otros, pausados, hacían demostraciones de mi vulnerabilidad en mi recorrido... sí...mi vulnerabilidad. El destino hubiera podido impregnarne cualquier eventualidad, y yo la hubiera aceptado e ido tras ella, y yo le hubiese gastado una broma, algún cuento.
En los pasos que yo daba, había algo de querer llegar y de no querer hacerlo, como quien escribe un poema, como quien le hace guiños a la muerte, sin saber que pasará...luego preferiré sentarme en algun sitio, quizás luego en una banquita, caminar ante la mirada expectante de quienes creen, voy hacia algún lugar...
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